Hasta las premios Nobel sufren el "techo de cristal"

CLARIN.COM-21/10/2009

Por primera vez, fueron galardonadas cinco mujeres. Esto muestra cómo, aun en los paises desarrollados, existen obstáculos para escalar en una carrera y armar una familia.  

La adjudicación de los premios Nobel 2009 nos ha sorprendido porque, por primera vez en su historia, han sido galardonadas 5 mujeres en diversas áreas. Ellas son Elinor Ostrom en Economía, Herta Muller en Literatura, Elizabeth Blackburn y Carol Greider en Medicina y Ada Yonath en Química.

¿Por qué es significativo este hecho? Porque pone en evidencia la existencia del techo de cristal que hasta ahora ha prevalecido en el otorgamiento de estos premios, desde su creación en 1901. Del total de premios otorgados a lo largo de más de 100 años, sólo lo han recibido 40 mujeres (aunque se entregaron 41 veces porque Marie Curie lo recibió dos veces). Una vez más nos preguntamos por qué las mujeres estamos tan subrepresentadas en los puestos jerárquicos más altos a la hora de reconocimientos como éstos, que implican no sólo la suma de dinero que se suele destacar, sino también prestigio, reconocimiento social, aprobación de la producción realizada, aspectos todos muy relevantes en las carreras laborales de quienes se desempeñan en las áreas reconocidas por el premio Nobel.

Quizá la visibilización de las inequidades de género en el otorgamiento de los premios Nobel pone en descubierto otras inequidades que permanecen naturalizadas y que contribuyen a la construcción del techo de cristal en la carrera laboral de las mujeres.

El techo de cristal tiene una doble inscripción: objetiva y subjetiva a la vez. En sus aspectos objetivos, está construido sobre la base del diseño de carreras laborales desde una perspectiva masculina, que impone restricciones a la subjetividad femenina en cuanto al desarrollo de deseos variados.

Por ejemplo, la atribución a las mujeres de ser las principales responsables de la formación de las familias y del sostén emocional de los hogares y de los hijos, especialmente mientras son pequeños, como parte fundamental de la construcción de las sujetos mujeres.

Esto lleva a que muchas posterguen, a veces indefinidamente, su inserción en carreras laborales que les requieran tiempo, dedicación, energía y compromiso, por verse obligadas a tener que "elegir" entre su carrera laboral y su vida familiar. Si bien los discursos que se enuncian son políticamente correctos en cuanto a la igualdad de oportunidades para la formación educativa y el acceso a la vida laboral para mujeres y varones, en las prácticas estas condiciones no se cumplen, de modo que todavía existe un amplio colectivo de mujeres que perciben que tienen que optar entre la maternidad y el trabajo. Esta es una opción que no se requiere a los hombres. ¿Podría la ganadora del premio Nobel en Economía tener 5 hijos y una vida familiar como la que tiene su colega, premiado junto a ella?

Se ha insistido mucho en la última década en el proyecto de compatibilización de la vida familiar y la vida laboral, pero lamentablemente hasta ahora en la mayoría de las organizaciones laborales se ha puesto el acento en que el género femenino sería el que tendría que hacerse cargo de ese proyecto, y no todas aquellas personas que quieran vivir en familia. Aún persiste la problemática del ejercicio de la corresponsabilidad de las parejas en la constitución de las familias y el sostén de una carrera laboral significativa, incluso en países centrales donde desarrollan sus trayectorias de trabajo quienes pueden aspirar al premio Nobel.

Esta corresponsabilidad implica tanto a las negociaciones privadas de quienes viven dentro de una familia, como también a las organizaciones laborales donde están insertos, así como a los recursos que puedan obtenerse a través de políticas públicas y políticas sociales para que no persistan las inequidades de género. Si Argentina cuenta con tres premios Nobel hasta ahora -todos varones- ello no hace más que demostrar las excepciones que confirman la regla y que iluminan con más claridad el déficit existente en el sostén de las carreras laborales de las mujeres en nuestro país.

Parecería que el género femenino sólo podría incorporarse a una carrera laboral significativa siguiendo los patrones masculinos impuestos hasta ahora para ellas, ya que el mundo del trabajo todavía está diseñado dentro de principios masculinos a los que las mujeres deberían ajustarse para formar parte del "club de los muchachos". Esto también es violencia de género: imponer restricciones al repertorio deseante de las mujeres, inhibiendo y limitando sus posibilidades como sujeto dentro de estrechos circuitos para sus desarrollos de carrera.

Destacamos las implicaciones severas e injustas sobre la construcción de las subjetividades femeninas: la dificultad para desplegar anhelos más allá de los supuestos tradicionales para las mujeres. Las mujeres que quieran superar estos obstáculos tendrán que desplegar liderazgos heroicos para poder sostenerlos, con su consiguiente costo subjetivo.

El techo de cristal en la carrera laboral de las mujeres sigue siendo una barrera difícil de traspasar. No es suficiente con que vislumbremos posibles resquebrajamientos de este techo. Lo que debemos procurar es que ni siquiera se construya.

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