«El maltratador es cada vez más joven, con una agresividad que asusta»

DIARIOSUR.ES-04/05/2009-M.J.CRUZADO

CARLOS YÁÑEZ MARTÍNEZ, FISCAL ESPECIALISTA DE MARBELLA EN VIOLENCIA SOBRE LA MUJER 

El fiscal del Juzgado de Violencia sobre la Mujer de Marbella aboga por la prevención desde los centros escolares para erradicar una lacra que no entiende de edad ni estrato social

     Hace tres años que el fiscal Carlos Yáñez está al frente de los casos de malos tratos en Marbella, pero no fue hasta 2008 cuando su labor se intensificó con la creación del Juzgado de Violencia sobre la Mujer. Aunque se ha ganado en calidad y tiempo, reconoce que el maltrato sigue siendo una lacra difícil de erradicar si no es a través de la prevención y de echar abajo algunos mitos que imperan en la sociedad. «La Ley -dice con contundencia- no va contra el hombre; nuestra lucha diaria aquí es el silencio de la mujer».

-¿Qué se ha conseguido hasta ahora con la creación de un juzgado especializado?
-El paso ha sido de cero a cien. La especialización da lugar a una calidad extraordinaria, tanto en celeridad como en atención a las víctimas. Nos da la posibilidad de llegar al fondo de los asuntos y de facilitar cosas antes muy complicadas como explorar a menores.

-¿Son muchos los menores que pasan por el juzgado?
-Por semana salimos a dos o tres exploraciones de niños a partir de los cuatro o cinco años. Vienen aquí, hablan conmigo... yo tengo siempre un par de balones para jugar un rato con ellos. Son unos testigos muy buenos. Los hijos de víctimas suelen ser mucho más coherentes y tienen una claridad y una madurez que no encuentro en otros niños de esas edades.

-¿También sufren malos tratos?
-Directamente son pocos los casos, pero siempre digo que también son víctimas. Si le pegan a la madre pero no al hijo sufren una violencia psicológica muy importante que va a marcar su desarrollo emocional para toda la vida. Asumen determinados comportamientos como normales que realmente son espeluznantes. He tenido menores con nueve o diez años que me han pedido por favor que meta a su padre en la cárcel porque quieren descansar. Están tan cansados de levantarse cada mañana sin saber qué pasará que están agotados.

-¿Cuál es el protocolo que se sigue en estos casos?
-El testimonio de los menores es una prueba a la que recurrimos sistemáticamente para llegar al fondo del asunto. Desde el momento inicial que tenemos conocimiento de la existencia de un menor verificamos la edad que tiene y hasta qué punto ha estado dentro de los hechos que vamos a tratar. Si considero que voy a necesitar hablar con el niño nos ponemos en contacto con la policía local o nacional y los agentes se desplazan de paisano en coches no oficiales y nos lo traen. Preferimos hacerlo a través de la policía y no mandamos a la madre o al padre para que no lo contaminen. Cuando llegan lo paro todo, entran al despacho y hablamos de cosas triviales para entrar poco a poco en el problema. Si es niña y le gusta High School Musical yo me especializo en High School Musical. Si es niño y le gusta el fútbol, también me especializo.

-¿Se requieren grandes dosis de psicología para este trabajo?
-Hace falta mucha tranquilidad y tiempo y no tener 20 personas esperando como teníamos en Instrucción. Aquí tenemos instalaciones adecuadas y contamos con una psicóloga y una trabajadora social. Esto da tiempo para hablar con el menor y tratar con él. La experiencia, después de tres años, también te da una serie de tablas. Incluso cuando tenemos aquí al menor y veo que el perjuicio que le puede causar entrar en sala no va a compensar con lo que pueda aportar, automáticamente renunciamos a esa prueba y vuelve al colegio.

-Supongo que con los adolescentes será más complicado...
-Sin lugar a dudas. Con cuatro o cinco años pueden cerrarse en banda o te lo dicen todo con una claridad y una espontaneidad que asusta. Los jóvenes, a partir de 12 ó 13 años, normalmente ya suelen haber tomado partido dentro de la relación familiar y hay ver qué concepto tienen de la madre o del padre para que el testimonio sea puro. La declaración se graba para que tenga validez en el juicio y no perjudicar más al menor.

-¿Existe un perfil del maltratador?
-Es una violencia que corre por todas las capas y estratos sociales. Aquí hemos ingresado en prisión desde albañiles a ingenieros superiores. Al final, he llegado a la conclusión de que se trata de un problema real entre hombres y mujeres. Los hombres deben aprender a aceptar a las mujeres como un igual sin diferencia alguna. El maltratador suele pensar que está en un estrato superior, un sentimiento arraigado desde pequeños.

-¿Y en cuanto a la edad?
-Son cada vez más jóvenes, lo que me preocupa y descorazona enormemente. Es falso que sea una cuestión de personas de 40 ó 50 años. Los jóvenes recurren con mayor facilidad a la amenaza, al deprecio o al insulto y con mayor agresividad. Hablo de niños de 18 ó 19 años con un desprecio muy grande por la vida ajena. Y además no tienen sentimiento de culpa. Los poderes públicos pueden modificar el Código Penal, poner leyes y juzgados de Violencia que entiendo que son muy necesarios, pero si no atacan a nivel educacional, si no entran a saco en las escuelas y hacen de verdad una política en igualdad y en valores estaremos perdidos. Este problema no se resuelve con el derecho penal. Sólo entramos cuando el problema está creado, y lo que tenemos que hacer es prevenirlo.

-¿Los maltratadores han sido víctimas antes que verdugos?
-Hay muchos que sí. El maltrato es un modo de vida. La violencia doméstica, de género u otras conductas como agresión a menores o acoso escolar son situaciones que jurídicamente tienen cierta semejanza. Se caracterizan por el trato degradante, por una humillación permanente. En el bulling, cuando hay un menor que usa ese mecanismo de violencia sale reforzado en vez de sancionado porque suele ser el líder, la persona que 'parte el bacalao', como dicen ellos. En familia pasa igual. Al final el que acaba imponiendo su criterio es el que pega y el menor acaba naturalizando esa forma de vida y viendo que es rentable. Si ven que su madre no le puede rechistar a su padre cuando tengan una pareja probablemente usen esa misma técnica.

-¿La actitud de las víctimas hacia esa violencia sí está cambiando?
-Hay mucho mito de que la Ley va contra los hombres, pero lo que yo vivo aquí es una lucha permanente contra el silencio de las mujeres. Una mujer denuncia porque tiene miedo, está harta, cansada, insegura. Pero luego vienen aquí y cuando reflexionan sobre cómo va a ser su vida en adelante... es un salto al abismo sin paracaídas. He tenido casos de mujeres con auténticas palizas una detrás de otra que no quieren denunciar y me piden que no meta a sus parejas en la cárcel. Incluso alguna ha llegado a insultarme. Frente a lo que pueda pensar la gente, la mayor dificultad que nos encontramos aquí son las mujeres. Por mucho que intuya el delito si no lo puedo probar es inútil. Esta misma mañana hemos archivado un asunto en el que una señora vino ayer con la cara echada abajo y ella insistía por activa y por pasiva que se había caído.

-¿Hay muchas que se retractan?
-No les damos tiempo. Actuamos al día, muy rápido. Trabajo codo con codo con la jueza, Carmen Rodríguez-Medel, y con el resto de compañeros del juzgado. Si consigo que la víctima declare su declaración queda grabada. No estoy de acuerdo en archivar el caso sin preguntarle por qué quiere retirarlo, porque puede ser que la hayan amenazado en la puerta del juzgado.

-¿Son frecuentes las denuncias falsas?
El año pasado sólo deducimos testimonio por denuncia falsa en cuatro ocasiones. Nos lo tomamos muy en serio y llegamos hasta el final. Siempre digo que en este juzgado lo que hacemos es repartir miserias y penurias económicas. Sí, a la mujer se le deja la casa, con todas las cargas -la hipoteca, la luz...-, probablemente con sueldos miserables, la responsabilidad de cuidad a los hijos sola... Y si el marido no le paga ponemos en marcha un procedimiento y puede tardar meses en cobrar un duro. Quedarse con la casa es un regalo envenenado. Lo único que le queda es que al menos, a la mañana siguiente no le van a decir puta.

-¿Suelen ir a casas de acogida?
No todo el mundo quiere irse a una casa de acogida. Las mujeres tienen derecho a vivir en su municipio, y hacer la vida que ellas quieren. No nos piden que metamos a sus maridos en la cárcel. Le aseguro que es un caso entre mil. Sólo quieren vivir en paz.

-¿Se quebrantan muchas órdenes de alejamiento?
-Somos muy estrictos. Si se quebranta el alejamiento solicito el ingreso en prisión automático.

-¿Es peor cuando la víctima es inmigrante?
-Tenemos casos con una violencia muy fuerte. Normalmente no son de las que más denuncian. En el caso de países como Marruecos, Ecuador, Colombia... hay un factor educativo muy importante. Muchos hombres asumen la agresión como un mecanismo absolutamente normal para solucionar un problema tan nimio como pagar el teléfono. Lo resuelven con una paliza.

-¿El alcohol o las drogas están relacionados?
-Tienen mucha incidencia. Intentamos gestionar un protocolo para derivar a los condenados por violencia de género con problemas de alcoholismo y toxicomanía a Hacienda de Toros en colaboración con Marbella Solidaria para que empiecen un tratamiento bajo control judicial.

-¿El verano es una época tranquila?
-Al contrario. Siempre aumentan los casos por la afluencia de turistas y la población flotante. Tenemos mucha incidencia de parejas extranjeras.

-Y vecinos y amigos, ¿denuncian cada vez más?
-La gente no quiere problemas y cada día menos. Está muy bien que seamos todos muy progresistas pero a la hora de ayudar a la vecina del cuarto miramos para otro lado. Mucha gente piensa que es inútil. Pero con su declaración y la actuación policial posiblemente tengamos suficiente para protegerla.

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