Autopsia psicológica: los ojos de la verdad

ABC.ES-12/10/2009-PABLO D.ALMOGUERA 

La noche del 22 de diciembre de 2005 la muerte se cernió sobre Ana Padilla. La vida se le escapó a borbotones por las más de 60 puñaladas que su compañero sentimental, Bismarck Pérez, le asestó delante de sus dos hijos. Había una orden de alejamiento emitida días antes, pero no le detuvo. Ana había muerto mucho antes de que Bismarck hubiese decidido dejar a un lado las palizas para convertirse en un asesino. A pesar de su carácter luchador, el hogar de esta malagueña se fue transformando en una prisión para ella en la que estaba a la merced de los arrebatos de su carcelero.

Una visión rápida del caso hacía pensar que tanta sangre derramada fue fruto de un arrebato emocional cargado de machismo, aunque no era así. Pilar Menchón, psicóloga forense de la Unidad de Valoración Integral de Violencia de Género del Instituto de Medicina Legal (IML) de Málaga, y sus compañeros habían intuido el trasfondo, pero había que demostrarlo.

Un delito más
Menchón y los trabajadores sociales que trabajan a su lado realizaron lo que en 1958 se denominó Autopsia Psicológica y que se ha convertido en una herramienta fundamental para demostrar los malos tratos reiterados sufridos en vida por las víctimas mortales de la violencia machista. Aunque no haya denuncia ni declaraciones que lo confirmen. Su importancia estriba en los cuatro años más de cárcel con los que se puede condenar al acusado. No es un agravante, es un delito más que añadir al de homicidio o asesinato.

El objetivo de esta técnica es tratar de dar respuesta a la hipótesis inicial a través de un trabajo de campo que después hay que defender ante el tribunal. «Los trabajadores sociales rastrean la biografía de la víctima y acuden allí donde se pueda extraer un dato relevante para trazar el perfil», explica la psicóloga forense, quien especifica que «se realizan entrevistas a los vecinos, a los familiares..., se buscan historiales clínicos y se analiza si algunas de las lesiones que en ellos constaban podrían corresponder con una agresión y se busca información en los recursos de la administración especializada».

Este trabajo se llevó a cabo en el caso de Ana Padilla y en él tuvieron especial protagonismo los testimonios que recabaron los expertos y que evidenciaban un maltrato reiterado durante años.
Los testimonios del acusado y de los hijos de las parejas también tienen especial relevancia en estos casos. «Los menores han sido expuestos a la violencia de una forma tan constante que para ellos era algo habitual», por lo que Pilar Menchón y su equipo tienen que llegar hasta ellos de una forma que no se les perjudicase. «El niño en ocasiones llega a pensar: si he visto a mi padre hacerlo, es que está bien», explica, para precisar que «las entrevistas son una forma clave de analizar el daño y la mejor forma de tratar de subsanarlo».

En el caso de Bismarck, como en el de otros acusados, se le preguntó qué le había enamorado de Ana o qué cosas le molestaban de ella. Había que descubrir sus motivaciones. «Cuanta más información, mejor. Y ésta también ayuda a plantear una terapia para él».

No puede ser rebatida
Una autopsia psicológica, según explica la experta, no tiene un plazo de realización, «puede tardar en hacerse 15 días o un año, lo que exija». Lo importante es ser exhaustivo y que no pueda ser rebatida por la defensa. «Es muy difícil que la otra parte pueda hacerlo», asegura Menchón, quien relata que en algún juicio y han preguntado «si soy adivina o si estaba presente cuando se producían los malos tratos, pero nuestros informes son periciales y los jueces y los fiscales los valoran mucho».

Es tal la veracidad que han adquirido los trabajos de este equipo multidisciplinar que, incluso en los casos en los que la víctima no ha fallecido, sus conclusiones llegan a imponerse ante los testimonios contrarios de éstas. «Hay muchas situaciones en las que la maltratada, por miedo, necesidad económica u otras circunstancias, quiere retirar la denuncia y dice que mintió o nos engañó. Pero si el informe es concluyente hay que mantenerse firme, aunque no coincidan con lo que declare la víctima».

Para Pilar Menchón y sus compañeros no tienen cabida las equivocaciones. La autopsia psicológica del caso de Ana Padilla fue premiada con su inclusión en la memoria del Fiscalía General del Estado por su excelencia y conseguir su objetivo: demostrar el calvario que esta mujer, como por desgracia tantas otras, pasó en vida.

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