Una joven quemada con ácido lucha por los derechos de las mujeres en India

Laxmi fue abrasada viva por rechazar a un pretendiente. Ha creado Stop Acid Attacks para que nadie tenga que pasar por lo mismo.
MIRADA21.ES-15/07/2013-(EFE)

Cuando aún era adolescente un pretendiente frustrado le desfiguró la cara y parte del cuerpo; hoy, ocho años después, la joven Laxmi podría conseguir que la Justicia india ponga coto a la venta de ácido en el país.

Cada año decenas de mujeres son víctimas de ataques con sustancias químicas en la India y, ante la falta de programas públicos de rehabilitación y compensación, se sumen en un penoso ostracismo.

Laxmi tenía solo 14 años la mañana de abril de 2005 en la que sufrió la agresión mientras iba hacia una librería en Khan Market, una zona comercial en el centro de Delhi.

"Crucé la carretera, andaba por la acera y de repente apareció una mujer. Me empujó contra el suelo y entonces arrojaron ácido a mi cara y se fugaron", recuerda a Efe Laxmi.

"Nadie me ayudó, tuve tres accidentes con los vehículos que pasaban y no podía controlarme", relata.

Un hermano de unas amigas suyas, de mucha más edad, se había encaprichado de ella y le había estado enviando continuos mensajes al móvil con peticiones de matrimonio que no hallaban respuesta.

 El ataque fue planeado por el pretendiente, Guddu, que recurrió a la ayuda de la novia de su hermano, Rakhi, para perpetrarlo.

Ambos fueron condenados en 2009 a diez y siete años de prisión respectivamente.

Laxmi inició un rosario de operaciones -de ojos, orejas, cara, manos, nariz- que todavía no ve final y en el que su familia ha invertido ya más de un millón de rupias (16.600 dólares) sin recibir ningún tipo de asistencia. "Habrá más intervenciones pero yo quiero hacer también otras cosas. Quiero trabajar... Mi vida ha estado parada ocho años. He estado sola, sin amigos", explica la joven, que acaba de cumplir 23 años, mientras saltan lágrimas en sus bonitos ojos negros.

La tristeza de sus palabras cambia pronto, sin embargo, por una animosa vitalidad, la que ha ganado en los últimos meses tras empezar a colaborar con Stop Acid Attacks, una campaña con sede en la capital india.

Impulsada por un puñado de jóvenes experiodistas, Stop Acid Attacks se presenta como una especie de grupo de presión para mejorar las condiciones de las víctimas y busca fondos para asesorarlas y asistirlas.

"En la India no hay organizaciones que traten en profundidad este asunto. Queremos conseguir que algunos doctores acepten hacer cirugías gratuitas o presentar demandas conjuntas", dice a Efe un miembro de la campaña, Sunit Shukla.

En apenas unas semanas, Laxmi se ha erigido en una suerte de líder del colectivo e intenta transmitir su entusiasmo a la veintena de mujeres que se han sumado hasta la fecha al proyecto.

"Me aporta energía positiva. Me lo da todo. Procuro conocer a las víctimas y escuchar sus historias", afirma.

Además, estos días aguarda con esperanza el resultado de un largo proceso judicial que inició en 2006 en el Tribunal Supremo en paralelo al caso criminal relativo a su ataque.

Su demanda: exigir a las autoridades, entre otras cosas, que regulen la venta de ácido, un producto muy accesible en la India y con un precio de apenas 30 rupias por litro (medio dólar) que suele utilizarse para limpiar retretes y tuberías.

Tras años de audiencias, consultas, órdenes a instancias regionales en búsqueda de información y respuestas vagas, el Supremo dio este martes una semana de plazo al Gobierno para formular un marco legal que ponga límites al comercio.

"Sería una decisión histórica. Laxmi representa en cierta manera a mucha gente, no solo a las víctimas. Es el momento de tener resultados", asegura a Efe su abogada, Aparna Bhat, a la salida del tribunal.

Allí esperaba expectante Laxmi, pues la complicada burocracia de la corte le impidió entrar a tiempo a la sala.

"Los ataques con ácido son un problema grave. Tolerar el dolor de cada operación no es fácil. Si hay lugares donde están prohibidas cosas como los huevos o la carne, no entiendo por qué no se puede prohibir el ácido que destroza la vida", subraya.

La joven, que de pequeña soñaba con ser cantante, no se amilana.

"Me niego a ir cubierta en público. Quiero mostrar a la gente cómo son los agresores, que piensen en el cabrón que me hizo esto. Si la gente lo ve, nos apoyará y las cosas cambiarán", asegura.

Según algunos expertos, en la India se producen "dos o tres ataques con ácido diarios" aunque la mayoría no son notificados a las autoridades -solo 27 en 2010- y pasan así prácticamente desapercibidos.

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