Lecciones para aprender a no pegar

DIARIODEIBIZA.ES-12/03/2010 

Los psicólogos destacan que el machismo está en la base del maltrato y que por eso se puede reeducar a los agresores. La parte más complicada de la terapia es, muchas veces, que el hombre se responsabilice de sus actos, pues al principio la mayoría lo elude y miente

La primera experiencia del programa piloto en Ibiza de tratamiento psicológico para maltratadores está a punto de finalizar. Tras 18 sesiones con cuatro grupos de entre seis y siete hombres, una de las terapeutas, Noemí Tur, cree que el balance ha sido «sin duda, positivo». «Yo he visto cambios, aunque evidentemente no los mismos en todo el mundo ni en el mismo grado», sostiene la psicóloga. En su opinión, es importante trabajar con los agresores «porque son quienes ejecutan la violencia». Además, tanto ella como el otro psicólogo, Álex Soriano, creen que esta labor beneficia a las víctimas y al resto de mujeres porque el objetivo es «prevenir futuras agresiones».

«Al principio parece que tienes un grupo de víctimas de la Ley integral contra la violencia de género. Te dicen que, aunque están aquí, ellos no han hecho nada, que es que la ley es muy dura; la mayoría culpa a las mujeres, a la situación», explica Noemí Tur, psicóloga encargada de la terapia para hombres no reincidentes condenados por malos tratos que no han de entrar en prisión. «Y nosotros tenemos que cortar todo eso de raíz. Les decimos que no somos un grupo de debate sobre la ley y que tampoco vamos a hablar de sus parejas o ex parejas, sino que vamos a hablar de ellos», subraya.

Según Tur, el primer paso para poder avanzar en la terapia es que cada hombre –que participa en el programa porque su sentencia dice que puede sustituir trabajos comunitarios por terapia– reconozca la responsabilidad de sus actos. «Es el principio sin el cual no podemos seguir adelante. Es la condición mínima para empezar a trabajar estrategias para el cambio», señala. De su experiencia extrae que cuanto mayor es el grado de violencia, más vergüenza da al maltratador reconocer lo que ha hecho: «Es más fácil decir que le has mandado mensajes al teléfono insultándola y amenazándola que decir que le has pegado una paliza».

Ésta es la cuestión que abarca más sesiones de la terapia. Al principio, muchos de ellos «mienten» para eludir la responsabilidad. «Pero tenemos la sentencia con los hechos probados», resalta la psicóloga, que indica que aunque alguno les dice que «sólo es un papel contra su palabra», al final se le pilla en contradicciones y se le acaba dando la vuelta a la situación. «Además, en algún caso hemos tenido sesiones individuales ya que puede haber otro problema por medio, una adicción o algo que no quieren confesar al grupo, y eso les impide aceptar que cometieron una agresión», apostilla la terapeuta.

Tal y como avanzan las sesiones, el nivel de participación va creciendo. «Al principio están más cortados. Después van cogiendo confianza con sus compañeros». Esa confianza hace que puedan hablar con más facilidad de sus casos particulares. «Quien peor lo pasa es quien no reconoce lo que ha hecho desde un primer momento. Quien sí lo cuenta recibe todo nuestro apoyo y además lo ponemos como ejemplo para el resto del grupo», añade.

Conseguir cambios

Una vez asumida la responsabilidad, se inicia la parte de la terapia que pretende conseguir cambios en todos ellos. «El machismo es la base del maltrato; es una creencia irracional, sobre la que los hombres no se han parado a pensar en si era verdad o mentira. Precisamente reflexionando sobre ello podemos llegar a plantear otras maneras de relacionarse», señala Tur. «Hay mucho machismo inculcado y eso es lo que les mueve. Uno por ejemplo decía: Es que a una mujer hay que enderezarla», coincide el otro psicólogo, Álex Soriano.

Así, esta parte consiste en reeducarles trabajando las creencias machistas, la capacidad de empatía, sus habilidades sociales o la capacidad de hacer y recibir un crítica. También se les ayuda a reconocer cómo se dan las emociones y cómo pueden cambiarse y cuál es el ciclo de la ira y a conocerse a sí mismos, al tiempo que les enseñan técnicas para mejorar sus relaciones con los demás sin recurrir a la violencia y para evitar ésta cuando ya están enfadados.

Junto a la parte teórica de cada sesión, los psicólogos les preparan ejercicios para poner en práctica lo explicado, les mandan «deberes» para que reflexionen sobre situaciones que hayan vivido y les instan a aplicar en casa la nueva manera de solucionar problemas que aquí han aprendido. «Las técnicas de resolución de conflictos van bien con la familia o en el trabajo, no sólo con la pareja. Se puede aplicar de la misma manera en otro ámbito y después generalizarlo», explica Tur.

Según la psicóloga, unos tienen más disposición a cambiar que otros: «Depende mucho de esa asunción de responsabilidad. Si vienes sabiendo que tú has provocado esta situación problemática sabes que depende de ti cambiarla. Si crees que es una exageración, que es la ley o que tu pareja era malísima, entonces no sientes que tengas que cambiar». Sin embargo, la psicóloga añade que ellos intentan hacerles ver que la terapia les traerá una serie de beneficios personales. «No sólo es útil para evitar la violencia sino para mejorar sus relaciones en general», resalta.

Tiempo limitado

Tur reconoció que dos meses y medio de terapia es un tiempo limitado y que «lo ideal» sería ampliarla a seis meses o a un año. «Hay gente a la que derivamos a otros servicios. Intentamos dar la mayor continuidad posible», dice. En este sentido, apunta que entre el 10 y el 15 por ciento de los que han participado tendrán que repetir la terapia, bien porque no han cambiado, bien porque afirman de forma «automática» que lo han hecho, pero no es cierto.

No obstante, opina que este programa no es una pérdida de tiempo o dinero. «Creo que es efectivo. Yo he visto cambios, aunque evidentemente no los mismos en todo el mundo ni en el mismo grado», señala. A su juicio, en los casos de violencia grave el agresor debe ir a la cárcel, pero cuando ésta ha sido leve, contribuye más al cambio participar en la terapia que «limpiar jardines o pagar una multa». «Con los programas no vamos a solucionar todos los problemas de los malos tratos, no hay una solución universal para ningún problema, pero desde luego es una estrategia», afirma.

Según Tur y Soriano, la terapia supone también un beneficio para las mujeres, para las denunciantes y las futuras parejas. «Nuestro trabajo consiste en intentar que no vuelvan a pegar a una mujer», concluyen.

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