Dos escritoras compiten hoy por un sillón en la Academia

ELPAIS.COM-19/04/2012-MIGUEL ANGEL VILLENA

En las últimas décadas las mujeres españolas han invadido todos los ámbitos de la cultura y de la creación artística. La presencia femenina es mayoritaria en facultades humanísticas, en el mundo de la edición, en la comunicación, las bibliotecas o los talleres literarios en un estimulante fenómeno de lucha por la igualdad. Muy lejos quedan, aparentemente, aquellos tiempos de finales del siglo XIX o comienzos del XX cuando las estudiantes debían disfrazarse de hombres para asistir a las clases o cuando las periodistas se veían obligadas a firmar con seudónimos masculinos para publicar en los diarios. Casos tan increíbles como el del dramaturgo Gregorio Martínez Sierra, que alcanzó fama literaria a partir del talento oculto de su mujer y auténtica autora de sus obras, María Lejárraga, no fueron tan extraños. Las intelectuales feministas han estudiado a fondo la invisibilidad de las mujeres en el mundo de la cultura hasta fechas bien recientes.

Pero al compás de su irresistible empuje en las últimas décadas, las mujeres han ido alcanzando parcelas en la cultura, aunque algunas instituciones se hayan resistido y se resistan a concederles el espacio que merecen. Con las razones más peregrinas estos rancios organismos, con la Real Academia Española (RAE) a la cabeza, buscan argumentos para justificar la aplastante presencia de varones en sus mullidos sillones. No obstante, el machismo de siempre asoma entre las costuras de sus explicaciones. Los datos son testarudos. Así, de los 41 miembros de la RAE apenas cinco son mujeres (Ana María Matute, Margarita Salas, Carmen Iglesias, Inés Fernández Ordoñez y Soledad Puértolas) y la inclusión de las dos últimas en la RAE tiene fecha muy reciente. Tal vez los lectores y, sobre todo, las lectoras no sepan que el sistema de elección entre los inmortales académicos (llamados de este modo porque solo causan baja con su fallecimiento) responde a un método tan endogámico y elitista como la propuesta de los miembros del club.

Por ello celebramos la magnífica noticia de que, por primera vez en los 300 años de vida de la institución, dos mujeres aspiren hoy a ocupar el sillón n de la RAE. Dos excelentes escritoras, la novelista Carme Riera y la poeta María Victoria Atencia, se disputan un puesto en la distinguida Academia, si bien un complejo sistema de votación puede dejar vacante el sillón por la falta de los apoyos necesarios. Ahora bien, estas nuevas incorporaciones no pueden hacer olvidar que la RAE necesita de una amplísima renovación que la adapte a los nuevos tiempos, más allá de la modernización informática o la adaptación de los diccionarios. Entretenidos en polémicas lingüísticas, incluidos los debates sobre género y lenguaje, los académicos no aplican aquello de que una cosa es predicar y otra dar trigo. Por ello pierden de vista que la mitad, por lo menos, de los escritores, filólogos e intelectuales de este país tienen nombre de mujer. Una igualdad que se plasma en la sociedad y en la cultura, pero no en los sillones de la Real Academia Española.

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