¿Cómo afecta el sexting a las mujeres?

 

29/01/2020

Del mismo modo que se producen avances sociales o tecnológicos, la violencia contra la mujer también aparece, en ocasiones, reconvertida y adaptada a una sociedad en constante evolución. Esto dificulta la identificación de la violencia machista debido, entre otras cosas, al velo de modernidad que la envuelve.

Analizamos si la difusión de imágenes o vídeos con contenido erótico y sin el consentimiento de la persona que los protagoniza puede comprenderse como una nueva forma de violencia machista. El envío de estos documentos en principio, de manera voluntaria, atiende al nombre de Sexting (sex o sexo y texting o escribir mensajes). No obstante y, tras realizar una minuciosa investigación sobre la difusión de estos contenidos de forma no autorizada, concluimos con que de ello se desprenden las mismas consecuencias adversas de la violencia contra las mujeres más tradicional (ansiedad, depresión, sentimientos de culpa o vergüenza, sextorsión o suicidio, entre otras muchas).

Estimamos que las consecuencias que derivan de este fenómeno son extremadamente graves para las mujeres, no siendo en absoluto comparables a las consecuencias para sus compañeros de juego. Esto se debe, en gran parte, a la educación recibida por hombres y mujeres en base a una socialización diferencial en la que están fuertemente presentes los estereotipos y roles de género. Por ello, es importante reflexionar sobre el papel que ocupan los principales agentes socializadores como la familia, el colegio o los medios de comunicación en la transmisión de una visión estereotipada de los sexos y con ello, un sexismo implícito, tanto en el trato hostil como en el trato benevolente que reciben las mujeres.

Es importante destacar que nuestra sociedad arrastra las etiquetas de “puta” o “mujer fatal” para las mujeres que no se adaptan a dichos estereotipos y roles sociales propiciados por una sociedad androcéntrica, estando el sexo tradicionalmente enfocado para el disfrute masculino, reservando para la mujer el rol de procreadora. Ámbitos como la prostitución, la pornografía o los medios de comunicación fomentan la imagen del varón como espectador mientras que la mujer es la que se encuentra en el punto de mira.

Aunque el hecho de participar en juegos sexuales de diferente índole no tendría por qué tener ninguna consecuencia perjudicial para la mujer, a día de hoy y, bajo una supuesta igualdad real, observamos cómo la sociedad sigue castigando a las mujeres que disfrutan libremente del sexo. La difusión masiva por parte de los espectadores de fotografías y vídeos eróticos de las mujeres víctimas de sexting es un claro ejemplo de ello, justificando el castigo psicológico y social que recibe éstas.

En cuanto a la franja de edad en la que se produce este fenómeno, si bien es cierto que la mayoría de los manuales para prevenir el sexting están dirigidos a personas adolescentes, datos provenientes de investigaciones realizadas en Estados Unidos revelan que esta práctica entre personas adultas es superior a la detectada en menores, produciéndose este fenómeno en diversos tramos de edad, así como en diversos entornos.

 

¿El entorno laboral se encuentra libre de este tipo de violencia?

Históricamente, el ámbito laboral ha sido creado y ocupado por figuras masculinas, estableciendo éstos también sus normas, valores y formas de interacción. Asimismo, en estos espacios queda reflejado el comportamiento social, por lo que parece evidente que no pueda estar exento de pensamientos y comportamientos machistas. Como muestra de ello, han aparecido movimientos sociales como el de #MeToo, para hacer visibles las agresiones y abusos sexuales que reciben las mujeres en sus puestos de trabajo.

Atendiendo a datos de UGT, entre 2008-2015 fueron 2.484 las mujeres que denunciaron haber sufrido acoso sexual en sus puestos de trabajo, afirmando que más del 65% de las víctimas no se atreve a denunciar. De éstas, sólo fueron 49 las sentencias que condenaron al agresor.

Estimamos fundamental tratarlo en los Planes de Igualdad de las empresas, fomentando la información, sensibilización y prevención con la finalidad de erradicar este tipo de violencia hacia las mujeres, ya que es esencial que éstas trabajen bajo un clima de respeto, igualdad y no discriminación. Y quizá, con el tiempo, poder extrapolar tal clima al conjunto del funcionamiento social.

 

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