Violencia ¿machista?

LAVERDAD.ES-04/10/2009-JOSE GUIMÓN

Los trastornos mentales son más frecuentes en la mujer, aunque no necesariamente más graves que en el hombre. Se sitúan actualmente como la segunda causa de discapacidad en las mujeres en todo el mundo y se prevé que sean la primera causa en 2020. Un porcentaje mucho mayor (el 75%) de las mujeres que el de hombres que ingresan por una enfermedad mental han padecido un abuso físico o sexual en algún momento de sus vidas. Así, entre 50-75% de las mujeres en tratamiento por abuso de substancias han sufrido abusos. En los últimos años, además, se está dando cada vez más importancia a la frecuencia con que se encuentran antecedentes de abuso sexual en las mujeres con trastornos llamados «disociativos» (amnesias, fugas, personalidad múltiple, etcétera). Estos y otros preocupantes datos no siempre son tratados con objetividad en los medios de difusión, lo que crea actitudes a veces negativas a la hora de ponerles remedio.

Las organizaciones protectoras de los Derechos Humanos señalan que, en cualquier caso, se debería hacer hincapié en establecer protecciones eficaces contra la violencia y el abuso hacia las mujeres, como las contenidas en el Violence Against Women Act, firmado por el ex presidente Clinton en 1994. La Comisión de las Naciones Unidas en su resolución sobre el estatus de las mujeres Mujeres y Salud Mental (1999) urgió a los gobiernos a que «promuevan el bienestar de las mujeres y de las niñas, que desarrollen programas de apoyo sensibles al género, que formen a trabajadores sociales para reconocer la violencia basada en el género y que asistan a las mujeres de todas las edades que hayan experimentado cualquier tipo de violencia». Nadie duda de que el movimiento feminista ha tenido un papel fundamental en el logro de estas importantes reacciones internacionales que han sido secundadas en Occidente por la inmensa mayoría de las mujeres y hombres occidentales bien informados. También en otras latitudes los ciudadanos están reaccionado individualmente y en partidos políticos para lograr esos fines. Sin embargo, el tono tremendista con que a veces se difunden estos datos y estos esfuerzos, puede resultar paradójicamente negativo.

Algunos grupos feministas (en particular los radicales) sostienen que la raíz de la violencia hacia la mujer ha sido el patriarcado, la dominación del varón sobre la mujer, el «machismo». El Diccionario de la Real Academia Española define el término «machismo» como «la actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres». En los medios de comunicación españoles se emplea el concepto de «violencia machista» como equivalente a «malos tratos en el ámbito familiar». Ese uso exclusivo es abusivo, dado que las mujeres son, aunque menos frecuentemente, violentas hacia los hombres, o pretenden ser superiores a éstos, con una actitud que algunos han caracterizado como una reacción «chauvinista de las hembras». Por ello, a partir del Congreso sobre la Mujer auspiciado por la ONU en Pekín se prefiere hablar de «violencia de género» o «violencia doméstica», cuando se produce entre adultos de edades semejantes y en el contexto de la vida hogareña. En EE UU, los CDC (The Centers for Disease Control and Prevention of violence) hablan de «violencia de pareja íntima» (intimate partner violence).

Una investigación reciente realizada en EE UU muestra que las mujeres y los hombres ejercen entre ellos niveles de agresividad física y psicológica equivalentes, pero que los hombres realizan más freuentemente abusos sexuales, control coercitivo y daños físicos en sus parejas. La violencia de la mujer es más frecuentemente defensiva y motivada por el miedo (Langhinrichsen-Rohling J., 2005). En ese país (como en el resto de Occidente) la frecuencia de incidentes de violencia física no letal en la pareja va afortunadamente bajando (de un millón a 840.000 entre 1992 y 1996) y en ellos, las mujeres representaban en 1998 el 72% de las víctimas. Los episodios letales fueron, en 1998, 1.830 y, de ellos, el 73% de los fallecidos fueron mujeres. En España el porcentaje de mujeres asesinadas respecto al de hombres parece ser semejante y la cifra ha disminuido en los últimos años, en buena parte en relación con la Ley de 2004.

Diversas investigaciones demuestran que la presencia de antecedentes de abusos (tanto en hombres como en mujeres) es un factor de riesgo poderoso para el desarrollo de la depresión mayor, los trastornos de ansiedad, el alcoholismo y el abuso de otras drogas, los trastornos de la alimentación y el trastorno de personalidad múltiple. Ciertos grupos feministas (como la Task Force of the Feminist Therapy Collective) han propuesto psicoterapias específicas para mujeres, como una terapia para la depresión destinada a reducir los efectos de los factores que contribuyen a la opresión de las mujeres en el entorno cultural y, por lo tanto, a que se depriman. Se han ido desarrollando grupos exclusivamente formados por mujeres que parecen más adecuados que los mixtos para algunos problemas como los «abusos de género» y algunos tipos de adicciones. Nadie duda de que el encuadre grupal es ideal para confrontar los estereotipos sociales (entre ellos la devaluada imagen de la mujer). Sin embargo, algunos grupos que se pretenden terapéuticos modifican su objetivo hacia propósitos de persuasión actitudinal que pueden llevar a una explotación ideológica de los pacientes para captarles para determinadas causas radicales.

Muchas mujeres, que antes buscaban terapeutas varones, por el rol prestigioso de autoridad profesional que éstos detentaban, ahora prefieren en todos los casos buscar psiquiatras o psicoterapeutas femeninos, lo que es, a mi modo de ver, técnicamente discutible. Del mismo modo, algunas intentan manipular en su provecho las novedosas normas legales de discriminación positiva de las que, justificadamente, se va dotando nuestro sistema legal. Los medios de difusión critican algunas decisiones judiciales supuestamente machistas sin estudiarlas detalladamente. Los hombres apenas se atreven a mostrar sus quejas en los medios habituales de difusión porque no es lo considerado políticamente correcto, pero empiezan a proliferar en Internet los blogs de hombres que se consideran maltratados y que se quejan, a veces de forma muy dura, de los excesos mediáticos.

El convertir las relaciones entre mujeres y hombres en una confrontación amarga en nada beneficia la deseable hermandad entre los seres humanos. Puede, por el contrario, crear anticuerpos en algunos sectores de la población, como está ocurriendo en otros aspectos de la vida pública (bilingüismo, inmigración, educación permisiva, etcétera).

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