¡PASO PALABRA!

Mercedes de la Merced en la "Tribuna Libre" de El Mundo  

 

Tan desafortunado fue su estreno ante la Comisión de Igualdad del Congreso de los Diputados que muchos nos preguntamos si la ministra Bibiana Aído no se sentirá discriminada dentro de su propio partido, sufriendo por ello una especie de síndrome gramatical cuyo primer síntoma se ha verbalizado en el lamentablemente célebre miembras. Si nadie lo remedia, el disparate puede ir a más y Aído corre el riesgo de que, en rigurosa correspondencia, tengamos que denominar persono al hombre, electricisto a quien nos repara los enchufes, dentisto al doctor que nos aplica los empastes, periodisto al redactor que la entreviste, en caso de ser un hombre, e incluso que tengamos que hablar del gran ciclisto Alberto Contador, o nos refiramos a Pedro Duque como el astronauto madrileño. ¿Lapsus? ¿Broma?

Y qué decir del blog de la ministra, que es como los diarios íntimos de antaño pero en lugar de proteger nuestras reflexiones bajo llave las expone ante los ojos de cualquiera. No es ni mucho menos una crítica al uso de los nuevos canales de comunicación, a las nuevas tecnologías y a todas las posibilidades de compartir información que nos brindan, pero sí me preocupa la poca protección que ofrecen ante la perversión lingüística. Bienvenido sea el blog, y bien hallada la cultura.

Admiro la capacidad de trabajo de la ministra, que le da para pluriemplearse, pero le recuerdo que en este país gozamos de excelentes escritores y mejores lingüistas encantados de ahorrarle la tarea de limpiar, fijar y dar el esplendor que el idioma español merece y por el que vela la Real Academia de la Lengua, según Aído, plagada de machistas. Quizá, si dejara de preocuparse por la modernización de nuestro idioma, podría, por ejemplo, atender a los colectivos de mujeres que le solicitan ayuda, incluso recibir a la Confederación Mujeres en Igualdad, organización a la que pertenecen más de 40.000 mujeres, para la que trabajo y tengo el inmenso honor de presidir como miembro encantada de serlo, y a la que, a fecha de hoy, ningunea sin pudor. Invocar a la igualdad no es suficiente para dar por renovadas las costumbres o estructuras sociales. La realidad es terca cuando se empeña en demostrarnos lo extendidas que aún están la discriminación laboral y salarial, la violencia de género y la imposibilidad de conciliar vida familiar y laboral. En Mujeres en Igualdad sabemos que queda mucho por hacer y que sólo podremos desarrollar sin obstáculos nuestras capacidades cuando los hombres aprendan a conciliar igualmente, compartiendo obligaciones domésticas y participando en el cuidado de los hijos y de los mayores con la misma intensidad y entrega que lo hacen las mujeres. Unicamente así disfrutaremos de la presencia que nos merecemos en todos los ámbitos de decisión.

Durante la gestión del Partido Popular, el empleo femenino creció un 40%. Se aprobaron la Ley de la Conciliación, y las primeras y más importantes medidas contra la violencia de género: la modificación del Código Penal y la orden de protección a la víctima. Toda nuestra política prioriza que la mujer sea considerada y respetada, por encima de todo, como persona y como ciudadana. Más de un millón de mujeres trabajadoras percibieron la paga de 1.200 euros anuales. Los costes de la seguridad social para las madres fueron reducidos, se aprobó el programa de ayudas para la construcción de escuelas infantiles (2003), por no olvidar que fue el PP quien designó a la primera mujer presidenta del Congreso, a la primera mujer presidenta del Senado, a la primera mujer presidenta de la Comunidad de Madrid, o cabezas de ayuntamientos tan importantes como el de Valencia, Málaga o Zaragoza. Así hemos continuado trabajando allí donde el Partido Popular ha contado con el apoyo de la ciudadanía.

Las mujeres somos mayoría en los sectores más vulnerables de la sociedad, las que con mayor rigor soportan los vaivenes económicos -la pobreza tiene rostro de mujer-, pero al mismo tiempo, precisamente por estar bien ancladas a la realidad por la admirable condición de madres, sabemos que el optimismo económico que pretende vender el presidente Zapatero poco o nada tiene que ver con las cuentas en rojo cada final de mes. Tuvo que ser su esposa, Sonsoles, la que le informara de que su hipoteca es a interés variable. Desde el Partido Popular, no nos cansamos de decir que las mujeres no pretendemos ser una copia de los hombres en el sentido de reproducir esquemas o estructuras arcaicas que cierren los ojos a los cambios sociales. Luchamos por gozar de las mismas oportunidades para decidir, estudiar, trabajar y no renunciar a nuestra vida familiar y personal.

Queremos que las mujeres que han optado por profesiones reservadas hasta hace muy pocos años a los hombres tengan las mismas oportunidades de ascenso y promoción profesional, y que determinados procedimientos disciplinarios se ajusten a la nueva realidad. No nos resignamos a que las viudas no tengan una pensión que sea al menos el 75% de la base reguladora. No permitiremos que la mujer se vea condenada a elegir entre ser madre o continuar con su carrera profesional por falta de escuelas infantiles, esas 400.000 que prometió Zapatero la pasada legislatura y que ha vuelto a prometer porque sólo cumplió con un 20%. Queremos que su Ministerio abandere una regulación de los horarios de trabajo, que apoye el empleo desde el domicilio a través de las nuevas tecnologías, que se acomoden los horarios y las vacaciones escolares a las jornadas laborales. Seguiremos trabajando para que las mujeres no tengan que conjugar permanentemente el verbo renunciar.

Volviendo a la comentada innovación lingüística de la ministra, le recuerdo que no todas las palabras que acaban en «o» son masculinas. De ahí que su miembra es un término absurdo que cae por su propio peso. Tan inaceptable es la palabra que ni el viento, que lo arrastra casi todo, es capaz de borrarla de nuestra actualidad. Cuando Marco Tulio Cicerón aseguró que equivocarse era de hombres, estoy segura de que no insinuó que las mujeres fuéramos perfectas. Como presidenta de la Confederación Mujeres en Igualdad, me permito calificar de frivolidad la iniciativa del Gobierno recientemente anunciada de habilitar un teléfono «de ayuda al maltratador». Sólo redactar esta última frase hace que me detenga frente a la pantalla de mi ordenador para entrecomillarla como si la ortografía pudiera protegernos de semejante disparate. Lo sensato sería invertir el dinero de todos los españoles en medidas reales y eficaces y no en un teléfono que podría calificarse de chistoso si no estuviéramos ante un asunto donde las mujeres se juegan la vida, y por desgracia, casi siempre resultan perdedoras. ¿Cómo imaginar que el maltratador va a descolgar un teléfono para anunciar que está a punto de emprenderla a golpes con su pareja, igual que si anunciara el inicio de un maldito espectáculo, y todo ello bajo la excusa de no asumir la nueva masculinidad a la que se refiere la ministra? ¿Dónde están las medidas reales, la vigilancia policial, la inserción laboral, las casas de acogida y el cumplimiento de las órdenes de alejamiento dictadas por los jueces? ¿Para cuándo la fluidez en los juzgados de violencia de género? ¿Para cuándo la educación en igualdad desde la infancia? ¿Piensan resolver esta lacra con los escasos 50 millones de euros designados a políticas de mujer para toda la legislatura?

Por cierto, y disculpe señora Aído mi intromisión en su apretada agenda. Han pasado tres meses desde su toma de posesión y ha tenido tiempo para viajar a Africa y a Iberoamérica, pero aún estamos esperando una respuesta a la entrevista urgente que le solicitamos desde Mujeres en Igualdad a usted personalmente -y no a su equipo ministerial, al que respetemos y deseamos éxitos- para informarle de la decisión tomada por el anterior ministro de retirarnos la ayuda de 150.000 euros para las casas de acogida a mujeres maltratadas que gestionamos en Salamanca y Cádiz, por cierto, ésta última su ciudad natal, y que por su desinterés tendremos que cerrar antes de que finalice el año. ¿Cree que deben desaparecer recursos como estos? ¿Cree que existen los suficientes? ¿Para cuándo las modificaciones a una Ley que no ha cumplido con los objetivos fijados? ¿Para cuándo un plan integral personalizado a la víctima y elaborado por equipos multidisciplinares y no por ordenadores?A la ministra más joven de nuestro actual Gobierno le han regalado una cartera tan nueva que a veces parece que la llena más de fistros para cubrir el expediente que de tareas reales. Y termino con la humilde aspiración de que este texto sea un homenaje a la mujer, a la igualdad y a la palabra, que rinda honores a la democracia misma, cerrando la sentencia de Cicerón respecto al desacierto: «De hombres es equivocarse; de locos persistir en el error».

 

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