Ni Romeos ni Julietas

LEVANTE-EMV.COM-14/012/2010-SUSANA GOLF

El fin del amor romántico. Lo diagnostican los pensadores y lo reclaman las organizaciones contra la violencia machista: el mito del amor romántico está en vías de desaparecer o habrá que acabar con él. Los celos, la entrega absoluta y la dependencia deben dar paso a la relación entre iguales. Nada de medias naranjas, naranjas completas.

Una famosa pareja de cantantes líricos es conocida, según propia confesión, por sus celos y peleas continuas. Aseguran que, después de la pelea, se aman mucho más que antes. Puede que no sea casualidad que, en los teatros de ópera de medio mundo, intrepreten Romeo y Julieta u Otelo. Los expertos coinciden en que hemos sido socializados en el modelo del amor romántico y éste pervive a través del cine, la literatura y la televisión. Con el agravante de que los hombres y las mujeres lo viven desde distintos roles, roles desiguales. Algunas de las características de este tipo de amor -celos, sentido de posesión, entrega absoluta, dependencia, imposibilidad de vivir sin el otro, sufrimiento, etc- ahora son consideradas claramente peligrosas, y situadas en el germen potencial de la violencia machista.

Los datos avalan esta creencia: según el estudio de este mismo año Igualdad y prevención de la violencia de género en la adolescencia realizado por el desaparecido Ministerio de Igualdad y la Universidad Complutense de Madrid, el 35% de los adolescentes encuestados consideran que "controlar todo lo que hace su pareja" no es maltrato y el 40% que los celos forman parte natural de la pasión amorosa. El pasado 25 de noviembre, Día contra la Violencia contra las Mujeres, algunos de los manifiestos leídos hacían hincapié en el amor romántico como justificación de actitudes violentas: "El concepto de amor romántico que, desde los medios de comunicación, se impone a la juventud, mantiene unos estereotipos nacidos del patriarcado que dificultan las relaciones de pareja".

No es una novedad. Hunde sus raíces en la tradición feminista. En Valencia, el proyecto Malva de la Fundación Salud y Comunidad (FSC) lleva unos años organizando talleres de prevención en los que se incluye el desmontaje de los mitos acerca del amor romántico. Charo Altable, profesora de la Universitat de Valencia, fue una de las pioneras. Su estudio, de 1998, sobre las "fantasías amorososas" de los adolescentes valencianos cuyas conclusiones se recogieron en el libro Penélope o las trampas del amor -premio nacional Emilia Pardo Bazán de material didáctico no sexista- continúa siendo un texto de referencia.

Los pensadores coinciden en datar el origen de la idea romántica del amor en el amor cortés medieval (siglos XII y XIII). Y, a pesar de la evolución que ha sufrido, ha llegado hasta nuestros días. Algunos expertos citan como ejemplo la serie Física o Química, tan popular entre los adolescentes. Incluso en los cuentos tradicionales, si bien la propuesta de la ex ministra Bibiana Aído de revisarlos cayó en el olvido tras ser considerada ridícula. "Estos prototipos presentes en las novelas de caballería medievales han llegado casi intactos hasta nuestros días en forma de cuentos, canciones e, incluso, libros o películas cuyas heroínas (princesas reales o simbólicas) tienen como objetivo prioritario lograr el amor (en forma de príncipe azul), dedicando a ello gran cantidad de esfuerzos y energias", sostiene Pilar Sampedro, autora del El mito del amor y sus consecuencias en los vínculos de pareja.

Una nueva definición
Todos -expertos, feministas y organismos que trabajan contra la violencia machista- parecen coincidir en que el modelo tradicional occidental del amor romántico está obsoleto, pero aun no se ha definido su sustituto.
El sociólogo Anthony Giddens lo denomina "amor confluente". En esta línea, el filósofo Manuel Cruz, en su obra Amo, luego existo -premio Espasa de Ensayo 2010- apunta a un nuevo "ingrediente" : la contingencia. "Frente a la idea, con la que coqueteó nuestra cultura durante largo tiempo, de que existen amores inevitables, necesarios, predestinados, hoy todo el mundo parece haber asumido el convencimiento de que esa persona concreta con la que en un momento dado alguien ha establecido una relación amorosa representa una contingencia particular en su vida: en el lugar de esa persona podría haber otra y nada sustancial cambiaría. Tan es así que han quedado completamente desterradas de nuestro imaginario (y de nuestro lenguaje) expresiones como amor de mi vida, media naranja o similares".

El psicólogo Walter Riso reseña en Jugando con fuego tres afirmaciones apasionadas de otras épocas que siguen vigentes en nuestro imaginario colectivo: Víctor Hugo y el fuego del amor, Dante y "El amor mueve el sol y las demás estrellas" o Hesíodo, "el amor es el arquitecto del universo". "Los acoplamientos innatos que predican las canciones románticas son bellísimas utopías, deliciosas de escuchar y ampliamente recomendadas para las instancias de despecho crónico, pero peligrosas a la hora de fabricar realidades concretas", advierte Riso.

En los libros de Rosetta Forner, coaching valenciana, la llamada a que uno (una sobre todo) se ame a sí misma antes que a nadie es una constante. En el último, Ponte las alas cuando la vida te dé calabazas, grita "¡Se acabaron las medias naranjas, vivan las naranjas enteras!".

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