María Teresa Miras:"La ciencia acabará en manos de las mujeres.¡Somos más sensatas!"

ABC.ES-23/04/2009-BLANCA TORQUEMADA

—¿Adquiere el suficiente peso específico la mujer en el ámbito científico?
—No hay que perder la perspectiva de que antes no es que pudieran investigar únicamente los hombres, sino que sólo podían hacerlo los que eran ricos, o sea, alejados de todo problema del entorno. Los que, como diría Virginia Woolf, tenían su propia habitación. Y como el espacio real siempre ha estado en manos de las mujeres, no hemos participado en la ciencia hasta hace poco. ¡Mira los cocineros varones! La mujer sabe que cuando llega la familia tiene que estar lista la tortilla de patatas, y a ellos lo que se les ocurre es tratar los alimentos con nitrógeno líquido.

—Mmm... Esos antecedentes más pragmáticos que creativos, ¿aún coartan?
—Cada vez menos. En vista de que el número de hijos ha descendido, de que somos muchas más haciendo la tesis y de que tenemos una gran capacidad de organización y optimización, la ciencia acabará en nuestras manos.

—Alguna rémora quedará.
—Hay que evitar que lleguemos a lo sucedido con la Sanidad, en la que, una vez que las mujeres se han convertido en mayoría, los sueldos se han desmoronado. No sé si las mujeres sabemos vender las cosas que hacemos. Necesitamos poner en valor nuestra aportación. Porque, ante situaciones complicadas, además de que les echamos humor y sensatez, cuando las cosas vienen mal dadas sabemos torearlas.

—¿Conciliación puede casar con ciencia?
—Es importante tener una vida de acuerdo con unas pautas humanas y con lo que se considera felicidad, porque eso aporta equilibrio personal. Por eso las cuotas me importan muy poco e imponerlas por imponerlas no me parece sensato, porque mis problemas como científica han venido cuando no encontraba guardería o tenía que hacer comprender a mi marido, que es matemático, un trabajo sin horarios. Las mujeres tenemos un ciclo biológico que es el que es, y de nada sirve que nos apliquen una cuota a los sesenta años, después de tanto batallar. Lo que sí me repatea, cuotas al margen, es que en igualdad de condiciones se escoja a un hombre.

—Entremos en su negociado. ¿Qué hay de los esperados «medicamentos a la carta», específicos para cada paciente?
—La gran revolución en farmacología, aunque silenciosa, ya se está produciendo. Los humanos somos muy dispersos genéticamente y pronto llegaremos a que se nos haga un estudio que dirá «a usted le falla el citocromo tal o cual», etcétera. Y aunque no se haga un medicamento para cada persona, sí lo habrá para grupos, y dosis en función en función del grupo al que se pertenezca, y eso es farmacogenética o farmacogenómica. Pero esto no es nuevo. A raíz de que se comprobara que algunas personas morían por efecto de los relajantes musculares en las operaciones, se empezaron a hacer las pruebas de anestesia a todo el mundo.

—Curación del cáncer, de las lesiones medulares o del alzhéimer... ¿Albergamos expectativas demasiado inmediatas?
—Soñar es una prerrogativa humana. Todos trabajamos con una ilusión de fondo, pero sobre todo hay que hacer ciencia básica de calidad: la que garantiza que cualquier avance que se realice en cualquier lugar sea aplicable en España en seis meses. Eso es lo que nos coloca en el primer mundo. Luego, hay que apostar por los caminos no trillados, por esos científicos originales a los que se debe dejar trabajar sin presionarlos. ¡Las mujeres somos buenas en proteger a esas personas porque, a diferencia de los hombres, no las vemos como competidores!

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