Los menores también pegan a sus novias

Solo durante los tres primeros trimestres de 2010 ocho adolescentes gallegos fueron condenados por agresiones a sus parejas, casi el doble que el año anterior
LAOPINIONCORUNA.ES-01/08/2011

Aunque las estadísticas sobre violencia de género están pobladas por mujeres asesinadas a manos de sus exmaridos y la franja de edad en la que se producen más denuncias, en Galicia, se sitúa entre los treinta y los cuarenta años, el maltrato no aparece de la nada en hombres adultos. En la adolescencia ya es posible percibir este tipo de comportamientos, según los datos del Consejo General del Poder Judicial. Durante los tres primeros trimestres de 2010, un centenar de menores fueron condenados en España por agredir a sus parejas

Solo en los tres primeros trimestres del pasado año, ocho menores de edad gallegos fueron condenados por agredir a sus parejas, casi el doble que durante 2009, cuando los jueces sentenciaron contra cinco jóvenes por la misma razón. La aparición del maltrato en las parejas de adolescentes se suele situar, explican los psicólogos, entre los 15 y los 16 años de edad. Los últimos datos proporcionados por el Gobierno español establecían en un 3,2% el porcentaje de chicos que admitían maltratar a su pareja y en un 5% el de jóvenes que reconocían ser maltratadas. No obstante, estos datos, como recuerda el psicólogo Ricardo Fandiño, que trabaja en el Centro de Atención Específica Montefiz, de la Xunta de Galicia, en Ourense, con menores delincuentes, podrían ser mayores. De hecho, Galicia contabiliza 25 casos desde 2007.

Y es que para muchas chicas, como afirma la psicóloga Lourdes García Averasturi, "actos como empujar, golpear o amenazar pueden ser tomados erróneamente como signos de amor". Incluso algunas ignoran que viven situaciones de abuso en relaciones sexuales. Como afirma Fandiño, el problema que se esconde tras la estadística es que estos jóvenes "tienen que aprender a ser hombres y tienen que aprender a ser mujeres y lo hacen de acuerdos a patrones muy cargados de tópicos" porque carecen, asegura, "de referentes de autoridad adultos".

"Los adolescentes pierden esa referencia de la edad adulta como algo deseable", argumenta Fandiño, quien señala que eso provoca que estén "perdidos, desorientados". "La adolescencia", explica, "es el momento de construcción de la identidad". En el caso de los jóvenes que admiten maltratar a sus parejas, lo que suele ocurrir es "que quieren asentar mucho su masculinidad en una relación de dominación, mientras que ellas serían chicas con tendencia a asentar su feminidad en una relación de sometimiento". En el caso de las chicas se produce otro fenómeno: "Ellas también piensan que con el amor los van a cambiar a ellos, algo así como que esos chicos maltratadores van a ser sanados a través del amor de ellas", explica Fandiño.

Mientras tanto, esos jóvenes que luego son condenados "están muy en el control, muy en la dominación, en la intimidación". No se trata solo de golpear a la pareja, sino de impedirles que salgan si ellos no están o que se maquillen o se vistan de cierto modo. Para Fandiño, aparte de esa pérdida de "figuras deseables en las que ellos y ellas se quieran mirar", aparece otro riesgo más: "el mal uso de las tecnologías".

Según este especialista, el mal uso de las nuevas tecnologías "facilita mucho" este tipo de comportamientos, ya que "minimiza la sensación de peligro, porque unas amenazas que se reciben a través de un mensaje telefónico, un chat, un correo electrónico o a través de las redes sociales producen menos percepción de peligro que realizadas en persona". Además, los nuevos medios de comunicación, advierte, "favorecen el anonimato, la sensación de impunidad o de que no va a ser visible para los demás".

No obstante, Fandiño es optimista y es de los que opinan que si existe el mal, existe el remedio. La receta mágica, incluso en el caso de patologías psicológicas que hacen "más vulnerables" a los que las padecen a este tipo de comportamientos, pasa por una buena educación afectivo-sexual.

Para Fandiño, se necesitan profesionales formados en el campo de la sexología que no aborden el tema de la sexualidad únicamente desde la perspectiva de los riesgos y peligros, "sino que también potencien un acercamiento de los chicos al mundo de los afectos, de las relaciones, de la pareja más allá de los mitos, de la diversidad". "Echo en falta eso", declara el terapeuta, para quien el hecho de que este tipo de contenidos sean transversales en el sistema educativo provoca a veces que "queden como perdidos". Esto es básico porque, según Fandiño, "a partir de ciertas edades estos comportamientos se estabilizan y se convierten ya en un modo de relación habitual". "La educación sexual debería ser más central", argumenta, y de hecho subraya que los especialistas se "esfuerzan mucho" en este aspecto a la hora de tratar a jóvenes que han mostrado comportamientos agresivos.

Pero no solo debe ser responsabilidad de los profesores, sino también de los padres. Para Fandiño, deberían existir escuelas de padres que trabajaran estos temas. Es más: a veces este tipo de comportamientos se produce porque los jóvenes aprenden ese modelo en la vida familiar. "Si el modelo de construcción de la masculinidad se asienta sobre una demostración de dominio, el hijo lo adquirirá con mayor facilidad", afirma.

Aunque curar es necesario, Fandiño es de los que defienden que prevenir es mejor. Se puede llegar a sectores de la población más amplios y la intervención posterior es más cara. Como él dice, "no se trata de volver a viejos modelos familiares, sino de adaptarse a los nuevos".

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