Las nuevas tecnologías reproducen el machismo de las viejas

En muchos países, como en varios árabes, los hombres casi triplican en uso de smartphone a las mujeres
CUARTOPODER.ES-23/09/2013-MIGUEL ANGEL CRIADO

Un estudio de la Unión Internacional de las Telecomunicacones (ITU, organismo de las ONU) sobre banda ancha y género muestra que hay 200 millones de mujeres conectadas menos que hombres. Además, la brecha tecnológica entre ambos lejos de acortarse no deja de crecer. Las diferencias, que no sólo afectan al acceso a internet, son más grandes en los países en desarrollo. Pero en el primer mundo también persisten.
 
En sus inicios, muchos idealistas vieron en los ordenadores y en especial en internet la panacea para muchos males. De hecho se ha acumulado un considerable corpus científico que relaciona el avance de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) con el desarrollo económico, social y hasta político. Sin ir más lejos, un reciente estudio del fabricante sueco Ericsson estimaba el impacto de la velocidad de la conexión en el PIB: doblando la capacidad de la banda ancha disponible, una economía ve crecer su producto interior bruto un 0.3%. Eso, en el conjunto de los países de la OCDE (donde se realizó el trabajo) supondía un extra de 93.000 millones de euros.
 
Sin embargo, las nuevas tecnologías están reproduciendo viejas desigualdades. Una es la existente entre mujeres y hombres. La Comisión sobre Banda Ancha de la ITU y la UNESCO acaban de publicar uno extenso informe sobre internet y género. 20 años después de la aparición de la red de redes, aún hay más hombres conectados que mujeres, 1.500 millones frente a 1.300. Lo peor es que, aunque la población global online crecerá, en tres años, habrá ya 350 millones de mujeres conectadas menos que varones.
 
Aunque la brecha digital entre hombres y mujeres es un fenómeno global, en la mayoría de los países desarrollados no supera el 2%. Pero en algunas economías avanzadas, como en las del Golfo Pérsico, las diferencias van más allá del 30%. La media entre los países en desarrollo es del 16%.
 
Y no sólo sucede con la banda ancha. Por cada 100 hombres con un móvil, sólo 80 mujeres lo tienen. Eso arroja una diferencia de 300 millones de usuarias menos. Además, también hay disparidades en el uso que se hace de la conexión. El informe también vuelve a recordar lo que ya se ha contado aquí: que la mujer está perdiendo terreno en la ciencia y la tecnología. En la OCDE, por ejemplo, el sexo femenino está subrrepresentado en el sector TIC, suponiendo sólo el 20% de los empleos. Y es la zona donde se está mas cerca de la igualdad.
 
Si las estimaciones aciertan, las cosas se pondrán aún peor. Para 2015, el 90% de los empleos en todos los sectores exigirán contar con algún conocimiento TIC. Sin esas habilidades, las mujeres estarán en peores condiciones para acceder al mercado de trabajo. 

 
No sólo es una cuestión de justicia y de igualdad de oportunidades, también lo es económica. La reducción de la brecha tecnológica de género produciría un gran y positivo efecto económico. Para los fabricantes de móviles y para las operadoras, incorporar a esos 500 millones de mujeres (sumando la brecha móvil y de acceso a internet) sería un gran negocio. Pero los beneficios serían globales. Basándose en datos del Banco Mundial, el informe recuerda que, en los países en desarrollo, cada 10% de incremento del acceso a la banda ancha se traduciría en un crecimiento del PIB del 1,38%, cuatro veces lo que estimaban en Ericsson. Con cada nueva mujer online, el PIB aumentaría y también su propia economía.
 
“Promover el acceso de las mujeres a las TIC, y particularmente la banda ancha, debería ser clave en la agenda global para el desarrollo post-2015″, decía en una nota el secretario general de la ITU, Hamadoun Touré. “El milagro del móvil ha demostrado el poder de las TIC para impulsar el crecimiento económico y social, pero este nuevo informe revela una preocupante brecha de género en el acceso”, añadía.
 
El informe acaba con un llamamiento a los países del mundo para acabar con la brecha digital de género en 2020. Son siete años. Debería darles tiempo. Pero llamamientos similares para acabar con otras desigualdades aún esperan respuesta.

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