“La violencia de género está brotando con una fuerza tremenda entre los jóvenes”

Entrevista a Elena Gómez Heredia, abogada especializada en violencia de género y presidenta del Turno de Oficio de Ciudad Real
LANZADIGITAL.COM-18/02/2013-BELEN RODRIGUEZ

Ciudad Real sigue impactada por el asesinato en plena calle de Pilar de Toro, una mujer de 28 años de Bolaños a la que tiroteó su expajera, un policía de baja por depresión que después de suicido. Elena Gómez Heredia, abogada especializada en violencia de género y presidenta del Turno de Oficio de Ciudad Real da algunas claves para entender un fenómeno que por fin se percibe como un grave problema social. Otra cosa es que termine. Según lo ve Gómez Heredia no lo parece, la violencia machista sigue instalada en las nuevas generaciones
 
En un juicio de faltas en Valdepeñas la abogada Elena Gómez Heredia escuchó a una mujer a la que su marido había golpeado decirle, “mire usted, lo perdono, tuvo un mal vino”. En esa época -los primeros años noventa- un libro ‘Mi marido me pega lo normal’ de Miguel Lorente y unas jornadas movieron hilos en esta letrada que lleva más de veinte años asistiendo a mujeres maltratadas. Su análisis del problema que “¡por fin se ve como lo que es!”, apostilla, tiene un punto amargo: la virulencia con la que el fenómeno está brotando en las nuevas generaciones “que se relacionan con los patrones que tenían mis abuelos”. También quiere que quede claro que un maltratador no siempre pega, “el maltratador domina”.
 
PREGUNTA.-¿Desde cuándo trabaja con víctimas de violencia doméstica y por qué se especializó?
RESPUESTA.- Sobre todo desde que se creó el turno especial del Colegio de Abogados de Ciudad Real, a finales de los noventa, aunque antes de eso ya llevaba un tiempo trabajando en lo que a raíz de la ley integral de 2004 se conoce como violencia de género, ¿qué es lo que me motivó?, unas jornadas que organizó el Instituto de la Mujer en Sanidad que me llamaron muchísimo la atención y me abrieron un mundo nuevo y desconocido. Me acuerdo que en esa época coincidió que me compré un libro que se llama ‘Mi marido me pega lo normal’ de Miguel Lorente Acosta, el que fue delegado de Violencia de Género, leyéndolo me sorprendió que se veía como normal un insulto, unos celos, unas amenazas; que todo eso entraba dentro de las relaciones de pareja. Podías verlo desde mil perspectivas desde que te quiero mucho y por eso soy celoso, hasta que me he enfadado contigo por motivos que me obligan a gritarte o darte una torta. Eso que decía el libro yo lo vivía en los juzgados. Recuerdo en juicios de faltas en Valdepeñas a personas mayores enfadadas por agresiones, insultos y amenazas que cuando entrábamos a la sala la señora va y me dice ‘mire usted ,que lo perdono,  si es que ha tenido un mal vino’. A mí aquello me movió por dentro hilos y me hizo formarme.

P.-¿Ha cambiado algo el tipo de mujeres a las que atiendes ahora con respecto a las que representabas en aquellos años?
R.-Han cambiado muchas cosas, unas buenas y otras malas. Lo bueno es que actualmente no se considera una conducta normal y se entiende como un problema que hay que atajar; ha cambiado la legislación que nos ha ayudado muchísimo, en cierto modo y en cierto sesgo de mujeres ha cambiado la mentalidad, y también el trabajo de las instituciones que están haciendo mucho...la percepción de esa realidad como un problema, eso es bueno.
Lo que entiendo que ha empeorado es la actitud de las nuevas generaciones que no comprendo. Hay una vuelta al pasado, al patrón patriarcal. La violencia de género no es algo del pasado, está en el presente, es emergente y brotando con una fuerza tremenda entre los jóvenes hasta el punto que muchas de nosotras, hablo de mujeres, nos planteamos qué estamos haciendo con nuestras hijas, y lo vivo en mi entorno inmediato y en mi vida profesional. Las relaciones que tienen ahora las jovencitas con los jovencitos son como las que tenían mis abuelos.

P.-¿Por qué cree que sigue habiendo tantos casos de violencia de género?
R.-Porque están emergiendo. No creo que ahora haya más que antes lo que pasa es que se visibilizan.

P.-¿Considera que influye que esta sea una provincia rural con costumbres antiguas y conservadoras?
R.-Para nada. La violencia de género afecta a todos los estratos sociales. Se aprende en la casa, en la calle, en el colegio, es una forma de vivir. Es una ruptura del principio de igualdad entre hombres y mujeres en la que aparece una desigualdad:   te considero posesión mía. La  tenemos asimilada a la agresión, pero no siempre es agresión, la violencia de género es dominio: ‘yo voy a por ti’, ‘tú me perteneces’, ‘tú haces lo que yo quiero que hagas’, eso es, de hecho muchas manifestaciones no se detectan porque hay un componente afectivo. Siempre digo que cuando una mujer nos viene con un ojo morado nos lo pone muy fácil, ya tienes la prueba evidentísima, ahora, toda la parte de abajo de la violencia, las vejaciones, los celos, las coacciones, esa violencia de perfil bajo que mina a las personas que la hacen sentirse nada, esa sí es grave y difícil de detectar.

P.-¿Pero esto último cómo lo pruebas en un juzgado?
R.-Es que la justicia no es la solución para el problema. De hecho la Comisión Provincial de Violencia de Género es interdisciplinar, ¿por qué?, porque hay muchos aspectos que hay que mejorar, desde la educación, la sanidad, los servicios sociales, el ministerio fiscal... La justicia interviene pero en los casos más graves, previamente hay una base que hay que trabajar, hay que cambiar patrones de relación.

P.-¿Qué servicio ofrece el Colegio de Abogados de Ciudad Real a las víctimas de violencia de género ahora?
R.-Un servicio específico con abogados especializados, del que fuimos no sólo pioneros en Castilla-La Mancha en implantarlo sino casi en España. Ahora tenemos cuatro abogados de guardia diarios con los que cubrimos todos los partidos judiciales [hay diez] y desde el convenio que hemos firmado con la Junta de Comunidades ya hemos conseguido acabar con la dispersión, en estos momentos toda la asistencia jurídica gratuita a las víctimas de violencia de género la prestan los profesionales de nuestro Turno de Oficio.
 
P.-¿Cómo llegan las víctimas al servicio?
R.- Existe un protocolo con el Consejo de la Abogacía Española por el cual las fuerzas de seguridad se comprometen a llamar al letrado desde el mismo momento de la detención, aunque lamentablemente no ocurre así en todos los casos. ¿Cuál sería la solución?, la recomendación del cumplimiento del protocolo e insistir en un hecho en el que muchas veces no se repara: cuando la señora tiene la fuerza de ir a denunciar es que debajo hay mucho más. Yo no conozco a una sola mujer que vaya a la primera a denunciar malos tratos, entre otras cosas porque la primera agresión no es un bofetón. Si a mí me dan un bofetón yo reacciono y tú también, pero  es que el primer maltrato no es ese, es hacerme sentir que no valgo, que no sirvo, es una agresión tan velada que cuando me lleve un bofetón tendré la sensación de que me lo he merecido. Así que el día que esa mujer reúne la fuerza para ir a denunciar es importante que haya allí un abogado que desde el minuto uno le asesore y le diga en el juzgado te va a pasar esto y en la vida esto otro; yo te puedo ayudar facilitándote una orden de protección, a través del Centro de la Mujer o una casa de acogida si te tienes que marchar y sobre todo se puede recabar muchísima información de modo que no denunciamos una simple falta, sino un delito continuado de maltrato con medidas distintas.

P.-¿Llegáis a todas las maltratadas que reclaman vuestra ayuda o es imposible?
R.-A todas las que lo solicitan. Y además con un índice de eficacia en el trabajo bastante alto.

P.-¿Por qué mujeres que denuncian e incluso tienen órdenes de alejamiento vuelven con sus parejas?
R.-Es inherente. Es que insisto, no es un  hecho puntual lo que motiva la violencia de género, es una forma de relación y quien aprende una forma de relación se relaciona así, tanto es así que las terapias que se hacen con las víctimas parten de un término que se llama ‘deconstruir tu propia vida’, es como si tuvieras un muro y tuvieras que tirar ladrillo a ladrillo para luego levantar uno nuevo. Si tu partes del muro que ya tienes la conducta es la misma. Normalmente hay una carencia emocional y la cubres con el mismo patrón de persona en un altísimo porcentaje de casos por eso cuando la gente de dice ‘es que no sé porque las defendéis si luego vuelven con ellos’, yo siempre digo pues por eso precisamente. Por eso estoy aquí, porque si esa criatura tiene una oportunidad de que alguien le diga por ahí no será mejor. Esas mujeres tiene que aprender a desvivir lo vivido y a vivir de forma distinta, tienen que buscar en sus relaciones algo distinto de lo que han tenido. Y eso se aprende en la infancia, no es de la noche a la mañana. Insisto, te dan una torta y te defiendes, cuando no se defienden es que ya traen una trayectoria.

P.-¿Por qué crees que ahora hay tantos casos de asesinatos de mujeres con suicidio?, me remito al crimen del día 6 en Ciudad Real y al del mes de mayo del año pasado en Manzanares, los dos varones mataron en un caso a su expareja y en el otro a su mujer y luego se suicidaron.
R.-No estoy de acuerdo con el planteamiento que me has hecho. Esto no es nuevo. Lo mismo que es normal en las mujeres repetir un patrón de conducta en los hombres que maltratan también. Aquí hay cosas comunes y una de ella es la autolisis lo que pasa es que no siempre se lleva a efecto, intentos de suicidio tras una agresión hay muchos más. ¿Por qué?, no lo sé,  sólo digo que esto pasaba antes y ahora.
 
P.-¿Y qué hay del ‘plus pasional’ del que se suele hablar en esos comportamientos que se escapan a cualquier control?
R.-Olvídate de la pasión. El amor y la pasión están excluidos aquí. Es mucho más profundo, son relaciones de dominio que utilizan el lenguaje engañoso del amor. Pero para nada son relaciones de amor, una persona que te quiere no te hace daño.
 
P.-Dicen que el policía local que mató a su exnovia en la calle Real no era violento.
R.-Desconociendo la historia que la desconozco puedo decir que es casi común en la mayoría de los maltratadores que no sean una persona agresiva,  aunque luego terminemos en el punto más alto de la agresión que es la muerte. Vuelvo a repetir: en un maltrato no tiene  por qué  haber agresión, en un maltrato hay dominio, hay manipulación, hay matar psíquicamente a la persona, anularla.
 
P.-Por más que se condena y se habla de malos tratos las estadísticas siguen ahí, ¿qué sigue falllando?
R.-De los errores quiero creer que se aprende. Yo no lo vería como un fallo de la sociedad sino como una oportunidad para cambiar las cosas: llamadas de atención para intervenir en menores, llamadas de atención para la prevención, ¡es que hay mujeres que son víctimas de violencia de género y no lo saben sólo porque no les han dado una torta! No hablaría de fallos. Tenemos la vida que tenemos y la educación que hemos recibido.
 
P.-¿Cree que la respuesta judicial que se da en estos casos es la adecuada?, ¿en qué se puede mejorar?
R.-Yo entiendo que la respuesta judicial es la adecuada, sinceramente, desde cualquier parte que intervenga sin perjuicio de que haya casos puntuales que salgan mal porque somos humanos y nos equivocamos. El mismo juez puede que un día esté acertado en una resolución y otro no tanto. También faltan medios materiales, muchísimos, en todos los estamentos.
De todas formas se hace mucho hincapié en la judicialización de los casos, cuando ese es el pico, lo más grave, de bajo de todo eso hay un sustrato grandísimo que está en la educación. Hay que trabajar las relaciones sociales, la forma de pensar, y hacer entender no sé cómo que todos somos personas y que luego tendremos una dotación genética XX o XY pero somos personas. Porque tú seas hombre no te da derecho a pensar que yo soy tu cosa.

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