'En Colombia el cuerpo de la mujer se usa como arma de guerra'

Jineth Bedoya Lima, periodista de 'El Tiempo'
ELMUNDO.ES-11/12/2013-JESÚS OSSORIO

"Prefiero morirme de un balazo en Colombia antes que la soledad del exilio". Con determinación y los ojos empañados por las lágrimas, la periodista colombiana Jineth Bedoya Lima responde así a la pregunta de por qué sigue arriesgando su vida haciendo periodismo de investigación en su país.

Acaba de compartir su historia de "superviviente, no de víctima" de la violencia sexual con un grupo de periodistas en Londres, adonde ha viajado para despertar la conciencia de la comunidad internacional sobre esta lacra contra las mujeres en el marco del conflicto armado colombiano.

No existen cifras oficiales que documenten con exactitud todos los casos de agresiones sexuales, sólo el Instituto Nacional de Medicina Legal publica estadísticas sobre el número de exámenes médicos realizados a mujeres agredidas. Tanto Amnistía Internacional como la ONU, advierten en varios informes sobre Colombia que los datos "están segmentados" y el número de denuncias está muy por debajo de los casos de agresiones sexuales. Sólo en septiembre de 2013, 11.333 menores fueron víctimas de una agresión sexual, según los datos de Medicina Legal.
 
Jineth Bedoya fue una de esas mujeres tras los fríos y difusos números de los delitos sexuales. "Con 26 años era una joven reportera que se quería comer el mundo, con muchas ilusiones y muchos sueños que se cargaron el 25 de mayo del año de 2000". Una fecha que recuerda como si fuera hoy, incluso calcula de memoria y en voz alta que han pasado "13 años, seis meses y nueve días" desde que "me dejaron muerta en vida".

En 2000, Bedoya ya había recibido numerosas amenazas de muerte y un año antes había sido objetivo de un atentado que casi acaba con la vida de su madre. Estaba investigando para el diario 'El Espectador' una red de tráfico de armas en la que estarían implicados miembros de las Fuerzas Armadas de Colombia, las FARC y las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). Aquel día de mayo del 2000 iba a entrevistar en la cárcel Modelo de Bogotá a un líder paramilitar. Pero no llegó a cruzar el umbral de la prisión. 

Con una pistola de 9 milímetros apuntándola a la cabeza constantemente, fue secuestrada durante 16 horas por tres hombres que la torturaron y violaron mientras le decían que "estaban mandando un mensaje a la prensa colombiana".

Bedoya vuelve a revivir su infierno con una entereza que sorprende pero siempre al borde del llanto. Aún hoy sigue preguntándose porqué no terminó desaparecida: "Su objetivo era matarme", reconoce. La movilización de sus compañeros del diario pudo ser clave para que fuera liberada. Horas después, un taxista la encontró tirada en una cuneta a varios kilómetros de Bogotá.
 
"Había escrito sobre secuestros y violaciones pero no fui consciente de la dimensión de estos crímenes hasta que lo tuve que afrontar en mi vida y en mi cuerpo". Sólo 15 días después de ser secuestrada decidió volver a la redacción, intentar recomponer su vida y seguir siendo periodista para "buscar la verdad, la mía y la de miles de mujeres violentadas en mi país, cuento mi historia por ellas". "Tenía dos opciones", recuerda "el suicidio, que era lo que yo quería o el exilio, que era lo que quería el estado. Y opté por volver a ser periodista, ese fue mi renacer", rememora emocionada.
 
Bedoya no ha dejado de trabajar desde entonces. En 2001 fichó por el rotativo colombiano 'El Tiempo' y se ha involucrado al máximo en el activismo para que los crímenes sexuales en Colombia salgan a la luz y dejen de ser "crímenes pasionales" en las noticias, ha decidido ser el "rostro" de esta guerra participando en campañas de concienciación.

Recientemente ha conseguido que el fútbol colombiano participe activamente en la iniciativa 'No es hora de callar', la periodista cree que "los hombres tienen que ser parte de la solución, y el fútbol es una buena manera de llamar su atención".
 
Su traumática experiencia le ha llevado a buscar mujeres que han sufrido su mismo calvario: "He encontrado casos dramáticos de mujeres que han sufrido amputaciones de los senos y empalamientos. En las áreas rurales el silencio es aún mayor, las mujeres han sido utilizadas para dar escarmientos a la población y hasta hace sólo unos años Colombia miraba para otro lado".
 
La incansable vocación de contar la verdad con la mayor libertad posible puso a Bedoya ante un nuevo secuestro en agosto de 2003. Esta vez estuvo ocho días en manos de los guerrilleros de las FARC junto a un compañero fotógrafo. Les retuvieron por no "pedir permiso para entrar en su territorio". Durante el cautiverio una comunidad cercana les proporcionó comida a escondidas y fue clave para mediar en su liberación.
 
Proceso de paz sin olvidar a las víctimas
 

La periodista también habla sin tapujos de la realidad de la mujer en la sociedad colombiana y del proceso de negociación con las FARC para alcanzar la paz. "Amo mi país y me encanta que se hable bien de él, creo que últimamente a Europa sólo llega el mensaje de que todo esta mejorando allí, es cierto, pero no se puede poner una cortina de humo, ahora mismo se está traficando con niñas en las minas de Medellín, por ejemplo".
 
Además, Bedoya quiere alertar que con el proceso de paz con las FARC "está sobre la mesa" el olvido y la total impunidad para los responsables de miles de violaciones en Colombia, incluida la suya.

El marco jurídico para la paz es un proyecto de ley aprobado ya por el Gobierno de Juan Manuel Santos que incluye la posibilidad de amnistiar a guerrilleros acusados de cometer delitos de lesa humanidad. "Es muy grave, en Colombia no vamos a tener Justicia por lo que nos hicieron", sentencia.
 
Más allá de la solución del conflicto armado en el país latinoamericano, Jineth Bedoya vaticina que el escenario del postconflicto tampoco será muy halagüeño. "La total ausencia de la mujer en el proceso de paz deja un vacío muy grande, pone una cortina de humo sobre el problema. Muchos guerrilleros quizá dejen las armas, pero también seguirán cometiendo delitos sexuales, el cuerpo de la mujer se usa en Colombia como arma de guerra".
 
Para Jineth Bedoya sólo hay un arma: la palabra. Su compromiso con el periodismo sigue intacto tras haber sido protagonista involuntaria del horror que ha revivido en este viaje a Europa del que hace balance: "Aquí he sido libre, pero ahora regreso a la realidad, al coche blindado y a los guardaespaldas, pero no tengo miedo, lo peor que me podía pasar en la vida ya me pasó".

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