«El 30% de las personas que han sido maltratadas no maltratan después»

DIARIOVASCO.COM-04/08/2010-ELVIRA C.GARCÍA VIDALES

Es especialista en intervenciones familiares en casos de violencia filioparental. Miguel Garrido Profesor de Terapia Familiar en la Universidad de Sevilla

La violencia filioparental, la ejercida de los hijos hacia los padres, es uno de los problemas familiares más habituales de nuestra sociedad. Miguel Garrido, profesor titular en la Universidad de Sevilla, acudió ayer a los cursos de verano para explicar las intervenciones terapéuticas en este tipo de casos.

- Más que de violencia filioparental, prefiere hablar de violencia familiar. Explíquese.
- Parece que hemos ido por fases o por modas en asuntos de violencia: el maltrato infantil, el abuso sexual, la violencia de género, la que se da hacia los mayores., y ahora la filioparental. Y dentro de poco, cuando sea políticamente correcto, hablaremos de violencia hacia los hombres. Al final todo ello converge en un tipo de violencia, la que se produce en el ámbito familiar. No son todas iguales, ni tienen el mismo grado de responsabilidad, pero el peligro de esto es que ahora se piense que los jóvenes son los únicos violentos y se sientan acusados y perseguidos. Tienen que responsabilizarse de sus actos, eso está bien, pero hay que crear un contexto educativo para ayudar a los jóvenes agresores y, por supuesto, a las familias.
 
- Hay teorías que señalan que la familia es el origen de los traumas que se gestan en el individuo durante la infancia y que luego estos se proyectan en la sociedad. Ésta, a su vez, volverá a influir en la misma familia. ¿Cómo escapamos de este círculo viciado?
- Es más complejo que todo eso. En la violencia filioparental coinciden numerosos factores individuales, familiares, sociales y culturales. Todos hay que tenerlos muy en cuenta. No se puede simplificar. Esto es muy peligroso. Ni todas las familias generan traumas, ni todas las familias que generan traumas tienen hijos que serán violentos: casi un 30% de la gente que es maltratada no maltrata después. Pero hay pocos estudios que analicen bien y en profundidad qué está pasando y, de esta manera, poder intervenir con más eficacia. Aun así, la intervención es necesaria.
 
- Defina violencia.
- Todo acto irrespetuoso, dañino, denigrante. Es un concepto tremendamente amplio.
 
- Entonces, ¿por qué parece que la única violencia que tiene trascendencia es la física?
- Porqué es la más llamativa y la más demostrable. Pero hay violencia de muchos tipos: la verbal, la económica, la emocional. Cada caso es muy complejo y no necesariamente tienen que darse la violencia emocional o verbal antes de la física. Hay jóvenes que han aprendido un modelo educativo basado en la violencia física y lo imitan. Lo que es innegable es que la violencia se da por una pérdida de control respecto a la situación en la que se desencadena. Así, los niños, por su naturaleza, suelen tender más a la violencia física y las niñas, sin embargo, suelen hacerlo de manera más emocional. Además, las familias monoparentales son las que más casos de violencia filioparental presentan, porque es más difícil representar autoridad.
 
- Los medios de comunicación se echan las manos a la cabeza con la violencia filioparental, pero también son los encargados de banalizarla.
- Sin duda, la violencia no es para exhibirla, sino para tratarla. Pero el problema, como en todas las profesiones, es ético. Al igual que a los demás profesionales como policías, jueces y psicólogos nos enseñan a saber manejar la violencia, a los periodistas también deberían enseñárselo para hacer un trato más profesional, respetuoso y científico de estos asuntos, no sensacionalista, ni alarmista. Los periodistas no deberían hacer de psicólogos, al igual que los psicólogos no deberían hacer de periodistas. A esto se suma que hoy en día de todo se hace comercio. Los medios usan la violencia como producto de venta, porque gusta, porque llama la atención, aunque esto sea mala cosa. Los medios no son un lugar para denunciar las intimidades, algo que se promueve, hay que ir a los lugares donde verdaderamente te puedan ayudar.
 
- La sociedad en general y la propia familia acusan y juzgan a estos jóvenes sin tratar primero de entender el porqué de su conducta...
- Tendemos a etiquetarlos como niños tiranos o emperadores. Esto es muy peligroso, porque crea ideas preconcebidas en la sociedad. Es mejor intentar observar y entender las razones por las que son así: a veces los padres son muy permisivos o no dedican tiempo a educarles y atenderles, no son jóvenes que hayan tenido muchas frustraciones, ni empáticos. Para los propios niños es mejor verlo así que no como un 'tirano'. Además, esto es una consecuencia clara del cambio en el modelo educativo y en las tendencias sociodemográficas, antes cuando las familias tenían cinco y más hijos no había 'emperadores'.
 
- Del modelo educativo autoritario-violento, basado en un mismo referente; al permisivo-liberal, basado en una diversidad de referentes que confunden al niño. ¿Cree que parte de la agresividad del joven hacia sus padres se debe a esa sensación de pérdida a la que se enfrenta consigo mismo?
- Sí, el modelo educativo ha cambiado, pero ambos se siguen dando, también el negligente-ausente. Ninguno de ellos es positivo, pero no por eso hay que acusar y perseguir a los padres, sino darle la vuelta positiva. En el caso del autoritario-violento muchos de los chicos que agraden es porque han vivido violencia en la familia, por lo tanto la moraleja es que hay que ayudarles a todos, averiguando qué está pasando ahí. El caso permisivo es más habitual, no pasa sólo en la familia, es reflejo de la sociedad que estamos promoviendo: nadie se responsabiliza de sus actos. Esto genera desconfianza, persecución y culpa hacia los demás por lo que nos pasa, en vez de empezar por la autocrítica y asumir las propias responsabilidades. Y eso es lo que debería ser, y a lo que deberíamos jugar todos.
 
- Usted ha hablado de ser consciente de que ejercen violencia sobre uno, para así no entrar en un circuito violento, donde puede convertirse en violentador.
- Sí, pero es complicado. La clave está en el tipo de comunicación que mantenemos. Hay que huir de las maneras de comunicación destructivas como el uso de los verbos imperativos o el 'tienes que' y tender a una manera constructiva de decir las cosas, aconsejando y utilizando frases como 'me gustaría que'. Pero a veces es difícil darse cuenta de que estamos siendo violentados. La prevención, sin duda, es fundamental: la información y prevención tratada en las escuelas, con las familias, desde las instituciones y, por supuesto, desde la propia persona, haciendo lo posible por mantener relaciones sanas.
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