Activista que defiende a la mujer afgana, merecedora del "Nobel Alternativo"

ELCONFIDENIAL.COM-03/10/2012-(EFE)

La activista afgana Sima Samar está acostumbrada a remar a contracorriente; mujer y defensora de los derechos humanos en Afganistán, acaba de ser galardonada con el denominado Nobel Alternativo, lo que le anima a proseguir su lucha "hasta el final". "Hemos alcanzado logros significativos en un país subdesarrollado y en guerra como Afganistán, pero la verdad es que no estoy del todo satisfecha con lo logrado hasta el momento", afirmó Samar a Efe en su despacho en el oeste de Kabul. Actual presidenta de la Comisión Independiente de los Derechos Humanos (AIHRC) y ex ministra de la Mujer en Afganistán, Sima Samar ha recibido el premio "Right Livelihood Award", concedido por una fundación sueca homónima y conocido como el "Nobel Alternativo".

El jurado del galardón destacó de Samar su "larga y valiente dedicación a los derechos humanos" en una de las regiones más complejas y peligrosas del mundo al frente de una organización, Shuhada, de la que se han beneficiado millones de personas. Como hizo con las dotaciones económicas procedentes de la veintena de premios internacionales que ha recibido hasta ahora, la activista anunció a Efe que gastará el dinero de éste (50.000 euros, equivalente a unos 65.000 dólares) "en colegios, en clínicas y en los afganos que más lo necesitan".

Entre los afganos no faltan quienes han sido testigos con frecuencia de ejecuciones públicas, crímenes de honor y matrimonios infantiles o forzados, y Samar, de 55 años, espera "lograr un cambio positivo a las mujeres afganas y poner fin a todo eso". Samar fundó su primer hospital para mujeres y niños afganos refugiados en la ciudad de Quetta (Pakistán), y desde entonces Shuhada, ha atendido a 3,3 millones de personas en sus propios hospitales y centros sanitarios. También ha formado a otras 176.000 con programas educativos. Shuhada nació en 1989, y en la actualidad gestiona 12 clínicas y 3 hospitales en Afganistán, además de 105 escuelas, 34 de ellas para refugiados afganos en la propia ciudad de Quetta, en un proceso que se ha desarrollado en paralelo a décadas de guerra en este país.

"Debemos aceptar nuestras responsabilidades y no tratar de cargar siempre la culpas sobre los hombros de los extranjeros", aseguró una tenaz Samar, que sabe cómo afrontar la adversidad en la patriarcal sociedad afgana. Samar logró graduarse en Medicina en Kabul en 1982, a pesar de que tuvo que sobreponerse al hecho de que su esposo, sus tres hermanos y más de 60 familiares se contaban entre los desaparecidos por el golpe de Estado de 1979, respaldado por los soviéticos.

Durante el régimen integrista talibán (1996-2001) la labor de su agrupación no se vio interrumpida del todo y Samar logró mantener abiertos algunos centros escolares para niñas en diversas regiones afganas. Fue un período "difícil, aunque la vida siempre está repleta de retos", aseguró.

Sima Samar ha figurado en los últimos años en las quinielas del premio Nobel de la Paz -el próximo será anunciado el 12 de octubre-, y la activista no esconde el "inmenso orgullo" que supondría para ella conseguirlo. Varios ganadores de este premio Nobel "alternativo" obtuvieron de hecho después el galardón oficial, como la keniana Wangari Maathai, quien recibió el primero en 1984 y el Nobel de la Paz en 2004. Pero Samar es realista y afirma que sus preocupaciones diarias son otras, como acabar con la "inseguridad", concienciar a la gente de que "promover la igualdad beneficia a todos", y buscar la eficacia de algunos organismos "respecto al cumplimiento de la ley".

En el ejercicio de su defensa de los derechos, ha sido "amenazada de muerte en numerosas ocasiones", y aunque rehusó dar nombres, Samar explicó que "todos en Afganistán han presenciado sus amenazas por televisión", en referencia a los señores de la guerra. "Un día, -recordó Samar- estaba sentada en mi oficina cuando apareció un compañero de trabajo, abrió la puerta y, asombrado, preguntó: "¿Estás todavía con vida? ¿Has visto las noticias?".

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