#8M Manifiesto de Mujeres en Igualdad

"Queremos disponer de la oportunidad y del derecho de lograr aquello que deseamos, sin techos de cristal o suelos pegajosos que nos frenen. Sin hombres y sin mujeres que nos digan: no lo vas a lograr. Porque sí lo lograremos, sin imposiciones ni amenazas"

Sí. “Si las mujeres paran, se para el mundo”. Es innegable. España obtendría 110.000 millones de euros adicionales (8 puntos porcentuales) en el PIB de 2025 si se acelera el paso hacia la diversidad de género.

Es más. Incorporar todo el talento femenino a las empresas supondría un aumento de más de 156.000 millones de euros del PIB de España.

Sí. La brecha salarial de género existe y representa un lastre para el desarrollo de las mujeres dentro del mercado laboral –y, por tanto, para toda la sociedad–. 

Es un fenómeno global ya que, en mayor o menor medida, mujeres de todo el mundo se enfrentan a barreras visibles e invisibles que dificultan su acceso y promoción en el mercado laboral. La discriminación salarial casi nunca es directa; se esconde en complementos, horas extra o categorías diferentes para puestos de trabajo de igual valor.

Sí, hay que atajar la fuerte desigualdad en el reparto de las tareas domésticas y el cuidado de hijos y personas mayores.

En España, el 95% de las mujeres entre 25-49 años cuida y/o educa a sus hijos diariamente, un porcentaje ligeramente superior a la media de la UE (92%). Las mujeres también son las que dedican más tiempo a la cocina y a las tareas domésticas en todos los países de la Unión Europea. En España, el 84% de las mujeres mayores de 18 años cocina o lleva a cabo estas tareas cada día, mientras que el porcentaje de hombres queda en el 42%.

Además, las mujeres solicitan más del 90% de las excedencias laborales para el cuidado de menores o personas dependientes.

Las mujeres nos enfrentamos a jornadas laborales más largas al sumar las horas de trabajo no remuneradas.

Sí. La desigualdad en el ámbito laboral se vuelve más manifiesta en el momento de la promoción, que suele coincidir con el momento de la maternidad, sobre todo a partir de los 30 años.

En estas circunstancias se suelen producir dos hechos: que las mujeres, al tener que compatibilizar familia con trabajo, vayan escogiendo ocupaciones que no sean tan exigentes en términos profesionales a costa de promocionar, y/o que las empresas no quieran promocionar a mujeres en edad de tener hijos, porque anticipan una mayor dedicación a la familia a costa del empleo. Y, ¿qué ocurre con las mujeres autónomas y emprendedoras?

La maternidad debe ser entendida como una gran oportunidad para las mujeres y para toda la sociedad y nunca como un obstáculo. Se debe apostar por políticas a largo plazo que permitan, a mujeres y a hombres, tener los hijos que desean y no solo los que pueden mantener. Las políticas de igualdad y demografía se deben convertir en una cuestión de Estado. ¿Qué sociedad queremos legar a las próximas generaciones?

Sí. La tasa rosa que se aplica a muchos productos dirigidos a mujeres es injusta. Se sanciona el consumo de productos de primera necesidad y que sólo consumimos las mujeres. Además, no queremos productos rosas ni customizados, queremos servicios que se adapten a nuestras necesidades sin etiquetas obsoletas y estereotipadas.

Sí. Los estereotipos, roles de género, micromachismos y mitos pesan y obstaculizan nuestro camino hacia la igualdad real. Las mujeres no somos así y asá; no nos gusta tal cosa y tal otra; no hablamos de tales temas y no sabemos nada de otros. Las mujeres somos diversas, al igual que los hombres, y no existe un único modelo, ni dos, ni tres, de mujeres.

Sí. Aunque las mujeres representan el 58% del total de las personas licenciadas, tenemos una baja representación en todos los niveles y la diferencia es aún mayor en los puestos más altos. Apenas el 19% de los consejos de administración y el 11% de los comités ejecutivos.

Sí. El acoso existe y hay que frenarlo. Con campañas dirigidas a todas las mujeres, sin excepción. A la mujer autónoma, a la profesora, a la que trabaja en un banco, a la que se encuentra en situación de desempleo… y a ellos, a los hombres, para que las relaciones de buen trato y respeto estén totalmente generalizadas.

Sí. Si queremos derribar estereotipos, cerrar la brecha salarial, apostar por unos horarios más racionales, humanos y solidarios, promocionar en el puesto de trabajo sin tener que renunciar a ser madre, ni al desarrollo personal, defender unas pensiones de viudedad más justas, alcanzar posiciones de liderazgo, eliminar la tasa rosa y, lo más importante, erradicar de una vez por todas las violencias contra las mujeres de la sociedad, entendemos que la mejor manera de lograrlo es defendiéndolo y apostando por ello día a día, mujeres y hombres. Con unidad. Como se ha hecho con el Pacto de Estado contra la Violencia de Género.

Nuestras reivindicaciones, las de la mitad de la población, no pueden ser entendidas como una moda ni un eslogan. Son la única forma de lograr una sociedad más justa y solo lo lograremos con el trabajo de mujeres y hombres, de personas comprometidas con la igualdad que entienden que los avances se logran sumando, nunca restando.

Ha quedado demostrado a lo largo de la historia que los paros, salvo que sean continuados, tienen un carácter simbólico.

Ya no es el tiempo de los símbolos, ni los gestos, eso ya lo hemos hecho, durante años, desde la primera huelga de mujeres en 1975; es la hora de pasar a la acción, de defender un feminismo -como lo entendemos nosotras- comprometido, inclusivo y sin imposiciones, absolutamente libre, respetuoso con las elecciones individuales, desde la sororidad.

La reivindicación de la igualdad puede adoptar multitud de formas, pero ninguna debe ser impuesta ni excluyente. La defensa de los principios es diversa y el respeto a la diferencia debe guiar nuestras acciones. 

Queremos crecer, desarrollarnos y formarnos, en una sociedad libre y moderna.

Queremos hablar en positivo.

Queremos disponer de la oportunidad y del derecho de lograr aquello que deseamos, sin techos de cristal o suelos pegajosos que nos frenen. Sin personas que nos digan: no lo vas a lograr. Porque sí lo lograremos, sin imposiciones ni amenazas, porque es una cuestión de derechos.

Porque la reivindicación/denuncia de lo que por justicia nos corresponde no es victimismo. Es valentía.

No queremos nutrir de eslóganes a las campañas publicitarias, no queremos convertirnos en un movimiento que está de moda.

No queremos ser la minoría más mayoritaria del planeta. No queremos que se frivolice con nuestras causas porque entendemos que son las causas del progreso, de la igualdad.

Se trata de derechos humanos, no de tendencias, ni oportunismos.

Cada derecho del que hoy disfrutamos ha sido luchado y reivindicado por mujeres y hombres a lo largo de la historia. Son logros comunes que, a pesar de nuestras diferencias, nos unen en un fin común: construir una sociedad igualitaria, en la que hombres y mujeres compartamos espacios y tiempos, con las mismas oportunidades.

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