30 ministerios y ni una sola mujer

ELMUNDO.ES-30/06/2011-MÓNICA GARCÍA PRIETO

La cita era al mediodía. Se trataba de parar el tráfico en todo el Líbano durante cinco minutos, de convencer a las mujeres -mayoritarias en una sociedad tradicional donde el hombre suele emigrar en busca de un futuro mejor- de paralizar por ese corto periodo el país del Cedro para mostrar su malestar por la formación de un Gobierno de 30 ministerios que no incluye a una sola mujer.

Y eso mismo ocurrió, peroen sólo tres puntos neurálgicos de Beirut: Hamra, principal arteria del Beirut musulmán, en el centro de la ciudad, en plena línea verde, y en Sassine, corazón del Beirut cristiano. A las doce en punto, de forma subrepticia, algunos coches se pararon en seco en plena plaza Sassine. De ellos se bajaron una decena de féminas que no tardaron en desplegar sus pancartas haciendo oídos sordos a las quejas de los demás conductores. "Un Gobierno sin mujeres es un paso atrás", rezaban las banderolas. No debían pensar así los usuarios de los automóviles vecinos, que no paraban de criticar en el peor tono posible la tímida protesta femenina imprecando incluso al policía de tráfico que protegía -por órdenes del Ministerio del Interior, que había autorizado la protesta- la manifestación.

Ellas ignoraron las críticas. "Es el momento de cambiar las leyes para que se permita a la mujer participar en política. Las mujeres libanesas tenemos un alto nivel educativo, pero no se otorgan puestos de confianza. Y eso hay que cambiarlo con cupos de participación", explicaba a elmundo.es Nada Rizk, una de las participantes, levantando la voz para abrirse hueco entre la cacofonía de cláxones. Aguantaron el tipo los cinco minutos pese a los abucheos y las críticas, antes de volver a introducirse en sus vehículos y desaparecer en el caótico tráfico beirutí. Misión cumplida. ¿O misión imposible?

Como escribe en su blog la feminista libanesa Nadine Moawad, miembro del colectivo Nasawiya, con el cambio del Gobierno libanés se ha producido una obvia regresión en lo que a la representación femenina se refiere. Moawad recogía las declaraciones de uno de los principales líderes de la coalición en el Gobierno, el general Michel Aoun, a cuyo partido ya dedicamos un post por las acusacuines de machismo hacia una de sus camapañas electorales. Decía el general que "todos saben que las mujeres libanesas necesitan más práctica y experiencia en la vida pública antes de estar cualificadas para el trabajo parlamentario y ministerial". Eso, en uno de los pocos países del planeta, seguramente junto a Afganistán, dondelos antiguos señores de la guerra acaparan el poder político sin haber respondido en los tribunales: en eso consiste su experiencia en la vida pública. La indignación de Nadine es patente. "Sus comentarios, como los del resto de sus socios, demuestran que la elite gobernante no está concienciada sobre la importancia de la participación de la mujer en la política. Decir que no hay mujeres cualificadas en una población de dos millones [de mujeres] es extremadamente ofensivo".

Lo fue incluso para el presidente del Líbano, Michel Sleiman, quien lamentó la creación de un Gobierno sin mujeres. "Hay una carencia en este Gobierno falto de mujeres, y eso es algo que debe ser compensado", decía en referencia a las próximas citas electorales. Suleiman aludía a un sistema de cuotas aún por definir que resuelva el déficit, y de paso la notoria regresión que padece el país en lo que a la igualdad se refiere. Pero ¿quién va a promover dicha cuota femenina en un Parlamento formado en un 97% por hombres?

Nunca se vivió un buen momento en el Líbano para las mujeres políticas: desde que las féminas adquirieran el derecho al voto, en 1952, sólo 17 han sido diputadas. Pero se va a peor: si en 2005 había seis diputadas, tras las elecciones parlamentarias de 2009 se quedó en cuatro. Si en los tres gobiernos anteriores hubo dos ministras, en el actual, formado por Hizbulá y sus socios, no hay ninguna. Las feministas exigen un 35% de couta femenina en el Parlamento, la realidad es que apenas llegan al 3%.

Es una de las muchas contradiciones que devoran el Líbano, el país más liberal del mundo árabe en muchos sentidos, donde la participación de las féminas en el mundo laboral es prácticamente ilimitada pero brillan por su ausencia en los puestos de poder, incluso en relación con los países de la zona. Pongamos como ejemplo el número de mujeres diputadas: en el ránking mundial de presencia femenina parlamentaria, el Líbano ocupa el puesto 127 de 133 países. Es superado por prácticamente todos los Estados de la región, como Irak, Emiratos, Egipto, Siria, Jordania o Kuwait. El país del Cedro sólo se sitúa por encima de Irán, Bahréin y Yemen (países como Arabia Saudí, Qatar y Omán, donde directamente no hay mujeres en las cámaras legislativas, no son contabilizados).

Y lo que es peor, para ser diputada en el Líbano hay que tener una tragedia detrás porque la cultura tribal -la herencia del cargo político es norma- pesa sobre la competencia profesional. Suele decirse que sólo las viudas y las hijas de políticos muertos en atentado llegan al Parlamento, y es el triste caso actual. Una hermana de mártir, una hija de mártir, una descendiente de una conocida dinastía política y la abnegada esposa de un señor de la guerra (durante años en prisión por asesinato y por tanto fuera del juego político) son las caras femeninas del Parlamento libanés.

De ahí que hagan falta muchas protestas como las que llevó el martes a un puñado de féminas a cortar las calles. "Hacemos esto para decir que no es justo lo que está ocurriendo. Es nuestro derecho democrático ser representadas en la sociedad y en el Gobierno como ciudadanos", denunciaba Aman Chaarani, presidenta del Consejo Libanés de Mujeres, la organización fundada en 1953 detrás de la protesta. "Libano fue el primer país árabe en resaltar el papel de la mujer cuando se le concedió el derecho a votar en las elecciones parlamentarias, en 1952", explicaba la activista Hayat Arsalan al portal árabe Al Shorfa. "lo que ocurre hoy constitute un desprecio hacia el derecho a la igualdad, un claro ataque contra los derechos del ciudadano y una violación de la Constitución".

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